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	<title>Posconflicto archivos - ANeIA | Universidad de los Andes - AGRONEGOCIOS E INDUSTRIA DE ALIMENTOS</title>
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	<description>AGRONEGOCIOS E INDUSTRIA DE ALIMENTOS</description>
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	<title>Posconflicto archivos - ANeIA | Universidad de los Andes - AGRONEGOCIOS E INDUSTRIA DE ALIMENTOS</title>
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	<item>
		<title>Los riesgos ambientales de la Paz</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/los-riesgos-ambientales-de-la-paz/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Dec 2016 00:45:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Agricultura y Desarrollo Rural]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Proceso de Paz]]></category>
		<category><![CDATA[sostenibilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Tecnologia]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El miÃ©rcoles 09 de noviembre se llevÃ³ a cabo el DÃ­a Paiz, una jornada que decretÃ³ la Universidad para que los profesores y alumnos participaran en varios espacios de discusiÃ³n, reflexiÃ³n y convivencia sobre el tema de la paz, teniendo en cuenta la conyuntura polÃ­tica actual del paÃ­s.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Entre los foros que participÃ©, me pareciÃ³ interesante el planteamiento de una mesa redonda entablada por los profesores de la Faculta de AdministraciÃ³n GermÃ¡n Andrade, tambiÃ©n investigador del Instituto Humboldt, junto con su colega Manuel RodrÃ­guez, quien fue el primer Ministro de Ambiente del paÃ­s. La discusiÃ³n entre el pÃºblico y los profesores se centrÃ³ en la protecciÃ³n y la restauraciÃ³n del medio ambiente despuÃ©s de los daÃ±os de la guerra y dentro del marco de la construcciÃ³n de paz.</p>
<p style="text-align: justify;">Dentro de lo discutido, los profesores plantearon que no se puede decir que la guerra ha traÃ­do conservaciÃ³n o que ha traÃ­do destrucciÃ³n, pues son planteamientos simplistas, ya que ha habido un evidente reordenamiento del paÃ­s y del territorio de una manera compleja por este fenÃ³meno. Por ejemplo, existen Ã¡reas de algunos parques naturales, como la Macarena o Tinigua, que estÃ¡n minados o simplemente ocupados autoritariamente, lo cual ha frenado la ocupaciÃ³n civil de estos territorios. Sin embargo, a la vez, las FARC y otros actores armados han colonizado por medio de las armas varios recursos naturales, como el RÃ­o Guayabero en el Meta o Catatumbo en el Putumayo, y han contaminado a travÃ©s del vertimiento de petrÃ³leo en sus aguas, despuÃ©s de atentados en contra de algunas multinacionales de hidrocarburos. Igualmente, esto sucede con el balance entre la deforestaciÃ³n que realizan las guerrillas para sus cultivos ilÃ­citos, frente al aislamiento de los mercados legÃ­timos que no han podido permear la mayor parte del territorio colombiano y transformar los ecosistemas. Entonces, es muy difÃ­cil discernir si la guerra es cÃ³mplice de la destrucciÃ³n del medio ambiente o lo contrario, mÃ¡s aÃºn al tener en cuenta que, a pesar de cargar con mÃ¡s de 50 aÃ±os de guerra, Colombia es un paÃ­s que se destaca a nivel latinoamericano en el desempeÃ±o ambiental, segÃºn Ã­ndices del EPI<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">En este sentido los Acuerdos de Paz podrÃ­an ser una caja de pandora que pueden poner en riesgo la ecologÃ­a del paÃ­s, pues la activaciÃ³n econÃ³mica de los sectores que suponen potencializarse al firmar los Acuerdos pueden venir acompaÃ±ados de un alto riesgo de deforestaciÃ³n. Como evidencia, GermÃ¡n Andrade trajo a colaciÃ³n el caso del departamento de San MartÃ­n en PerÃº, despuÃ©s de la derrota que sufriÃ³ la guerrilla Sendero Luminoso hacia finales del siglo pasado. Luego de haber vivido por varios aÃ±os la guerra, San MartÃ­n tuvo un auge econÃ³mico donde pudieron integrarse muchos mercados que antes no eran viables en la zona. A partir de este momento, San MartÃ­n ha presentado las mayores tasas de deforestaciÃ³n de este paÃ­s y â€˜la mano invisibleâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> ha acabado con ecosistemas amazÃ³nicos que son fundamentales para los ciclos biolÃ³gicos de la Tierra. Ahora bien, esto puede suceder en una gran parte del territorio colombiano si no se crea toda una institucionalidad sÃ³lida que acompaÃ±e a los Acuerdos de la Habana, ausente en la literatura que han presentado las partes hasta ahora.</p>
<p style="text-align: justify;">En efecto, por ahora no hay ninguna propuesta de reordenamiento institucional para que la Paz traiga los beneficios o dividendos ambientales, que ademÃ¡s han sido parte de la promesa de los Ministerios. Lo que estÃ¡ en juego hoy en las Ã¡reas del conflicto son 15 millones de hectÃ¡reas representadas por mosaicos de selvas deforestadas, producto de las economÃ­as de la guerra como el cultivo de la coca. Esto es lo que constituye la frontera agrÃ­cola que plantea el Gobierno para el futuro desarrollo rural; asÃ­ pues nace un dilema en los usos del territorio sin un control estatal, pues el bienestar econÃ³mico de la poblaciÃ³n sin una institucionalidad que cuide los ecosistemas puede liberar consecuencias ambientalmente desastrosas.</p>
<p style="text-align: justify;">La conclusiÃ³n que plantea entonces el profesor Andrade es que, si bien Colombia cuenta con 17 millones de hectÃ¡reas protegidas que no pueden ser tocadas por sectores productivos, el fracaso de Colombia en su polÃ­tica de uso sostenible de la tierra no puede extenderse en el post-acuerdo. En cambio, es inminente que existan cambios estructurales que incluyan la biodiversidad de los bosques colombianos en las cadenas productivas que se pretenden desarrollar y no se dejen a la suerte de las fuerzas econÃ³micas del momento. Desafortunadamente, por ahora, en las economÃ­as campesinas que se pretenden consolidar para el post-acuerdo, no hay elementos de ordenamiento o de planificaciÃ³n que le garanticen al paÃ­s que como mÃ­nimo la biodiversidad que existe hoy en dÃ­a permanecerÃ¡ o mejorarÃ¡. SegÃºn Andrade, existen actualmente proyectos que pueden ser un buen ejemplo para el desenlace agrÃ­cola, como acuerdos campesinos de cooperativismo en la vertiente oriental de la SerranÃ­a de San Lucas, en el Medio Magdalena, que pretenden hacer toda una gestiÃ³n social responsable y sostenible en torno a los bosques de su territorio. Asimismo, existen otros incentivos de entidades privadas, que nacen a travÃ©s de programas de mercadeo con causa o otras figuras de valor compartido, como BanCO2 de Bancolombia, que permite a cualquier ciudadano donar dinero a una bolsa virtual que se reparte entre campesinos que son subsidiados para cuidar el medio ambiente y de este modo, garantizarles un buen vivir sin tener que recurrir a costos de oportunidad que los lleve a sacrificar ecosistemas. No obstante, estos programas son transitorios, no son sostenibles en el largo plazo y no pueden controlar un territorio tan complejo y diverso como el de Colombia.</p>
<p style="text-align: justify;">En fin, en medio del siglo XXI, con contingencias ambientales tan palpables, los Acuerdos son ciegos frente al medio ambiente, pues les hace falta reconocer el valor ecolÃ³gico del territorio colombiano, dividido en las denominadas â€œtierrasâ€ que sÃ³lo tienen en cuenta su productividad y la economÃ­a. En este sentido, se estÃ¡ olvidando que estas tierras cuentan con complejos sistemas naturales que son caracterizados por paisajes, rÃ­os, quebradas, bosques o vegetaciÃ³n, y que son un beneficio potencial para la humanidad. Es cuestiÃ³n de una mejor gestiÃ³n del conocimiento, instituciones ambientales sÃ³lidas, menos intereses econÃ³micos y mayor voluntad polÃ­tica.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h3 style="text-align: justify;"><strong>BibliografÃ­a</strong></h3>
<p style="text-align: justify;">Mesa Redonda â€œSÃ­ Paz: SÃ­ Medio Ambienteâ€. DÃ­a Paiz. Mediada por Manuel RodrÃ­guez y GermÃ¡n Andrade.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> El Environmental Performance Index (EPI) es un Ã­ndice desarrollado por la Universidad de Yale que mide el desempeÃ±o de los paÃ­ses en cuanto a los asuntos ambientales de alta prioridad y estÃ¡ basado principalmente en dos Ã¡reas: protecciÃ³n de la salud humana y protecciÃ³n de los ecosistemas</p>
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			</item>
		<item>
		<title>El Ã‰xito de Indupalma</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/el-exito-de-indupalma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Feb 2016 23:46:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[GestiÃƒÂ³n y territorio]]></category>
		<category><![CDATA[indupalma]]></category>
		<category><![CDATA[Palma de Aceite]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Industria Agraria la Palma, mejor conocida como Indupalma Ltda., es una empresa colombiana que naciÃ³ en el aÃ±o 1961 gracias a la iniciativa del empresario Moris Gutt, en el municipio de San Alberto, al sur del Cesar.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">â€œ<em>En un paÃ­s como Colombia, los factores generadores de violencia solo se pueden combatir con proyectos que generen nueva riqueza, construyan capital social, tengan rentabilidad y sean sostenibles en el tiempo. AsÃ­ lo ha creÃ­do Indupalma, empresa pionera en el cultivo de palma de aceite en Colombia, cuya plantaciÃ³n estÃ¡ en San Alberto, un municipio de la regiÃ³n conocida como el Magdalena Medio, donde la violencia se ha vivido desde hace muchos aÃ±os.â€</em></p>
<p><strong>RubÃ©n DarÃ­o Lizarralde Montoya </strong></p>
<p><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/indupalma2.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-3990" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/indupalma2.jpg" alt="indupalma2" width="620" height="290" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">La compaÃ±Ã­a se ha dedicado, a travÃ©s de los aÃ±os, a la producciÃ³n y comercializaciÃ³n de un producto que para la Ã©poca era una de las apuestas mÃ¡s riesgosas de la agroindustria; ya que el cafÃ© estaba en <em>boom y </em>se mostraba como el fruto predilecto de la economÃ­a del paÃ­s. Indupalma, por su parte, se dedicÃ³ a al cultivo de palma africana, la extracciÃ³n de aceites y sus derivados, la producciÃ³n de semillas hibridas, polen y plÃ¡ntulas. Sin embargo, no cabe duda de que el producto <em>estrella</em> de la compaÃ±Ã­a fue y es el aceite de palma; producto altamente demandado por diversas industrias del mercado como la industrial, farmacÃ©utica, energÃ©tica, alimenticia, entre otras.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante sus inicios, en las dÃ©cadas de los 60 y 70, la empresa pudo evidenciar aÃ±os bastante exitosos en los cuales se mostraba como un referente a nivel nacional por su evoluciÃ³n y desarrollo, pues contaba con la mejor planta extractora de todo el continente. Adicionalmente, la compaÃ±Ã­a contaba con alrededor de 2000 empleados y llegÃ³ a la cifra record de 5000 hectÃ¡reas plantadas de palma. No obstante, durante la dÃ©cada de los 80 y hasta mediados de los 90 la empresa cayÃ³ en una serie de problemas que dificultaron su competitividad y pusieron en duda la viabilidad del negocio de la palma en el paÃ­s. Los problemas enfrentados en la compaÃ±Ã­a por alrededor de 20 aÃ±os tuvieron que ver con las numerosas huelgas del sindicato y el secuestro del gerente general de la Ã©poca por parte del M-19. Estos hechos obligaron a que la empresa firmara un acuerdo en el cual garantizaba una serie de mejoras en las condiciones laborales de los empleados. Este acuerdo condenÃ³ a la firma a una ineficiencia econÃ³mica, pues el 84% de los ingresos se estaban gastando en obligaciones laborales.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente en 1994, luego de una serie de aÃ±os que dificultaron el desarrollo Ã³ptimo de la empresa, se tomÃ³ la decisiÃ³n de nombrar como gerente general a RubÃ©n DarÃ­o Lizarralde. Cabe resaltar que en el estado crÃ­tico en el que se encontraba Indupalma era muy probable que la empresa no pudiera salir adelante y se tuviera que acoger a un proceso de liquidaciÃ³n. Sin embargo, con una serie de decisiones acertadas, el nuevo gerente general le terminarÃ­a dando la vuelta al futuro de la compaÃ±Ã­a.</p>
<p style="text-align: justify;">Indupalma necesitaba de un modelo ingenioso que pudiera revertir su situaciÃ³n. El Dr. Lizarralde creÃ³ un plan en el cual potencializÃ³ el desarrollo de la empresa mientras vinculaba a habitantes del Ã¡rea activa, logrando relacionarse con la poblaciÃ³n del Cesar. Con estas Cooperativas de Trabajo Asociado se logra generar un modelo de emprendimiento que lleva a que las personas tengan la oportunidad de convertirse en dueÃ±os de terrenos dentro de los cuales Indupalma actÃºa como socio con el fin de comprarles los frutos de la palma. Con este modelo de trabajo la empresa logrÃ³ incrementar su productividad creando conciencia entre sus empleados quienes entraron en una nueva polÃ­tica de disminuciÃ³n de tiempos muertos y de estar vinculados como factores clave en la consecuciÃ³n de metas de tipo econÃ³mico y social.</p>
<p><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/indupalma-3.jpg"><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-3991" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/indupalma-3.jpg" alt="indupalma 3" width="640" height="280" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Con el fin de lograr una mayor actividad financiera, y a la vez establecer relaciones perdurables con los campesinos pertenecientes a las regiones donde se ubicaba la empresa, se crearon las Unidades AutÃ³nomas Empresariales. Por medio de un proceso de estructuraciÃ³n de proyectos y una alianza entre el sector pÃºblico y el sector privado los trabajadores podÃ­an convertirse en socios del negocio. Indupalma le ofrecÃ­a al campesino ser parte del programa donde entrarÃ­a con un terreno de 10 hectÃ¡reas listas para la producciÃ³n. De las 10 hectÃ¡reas, 6,5 estarÃ­an destinadas a la plantaciÃ³n de palma mientras que los 3,5 restantes serÃ­an de uso libre para satisfacer las necesidad bÃ¡sicas de cada uno. El gobierno les entregaba un crÃ©dito blando (40%) y alguna entidad bancaria les entregaba el otro crÃ©dito (60%) para financiar el terreno. Adicionalmente Indupalma firmÃ³ un contrato con ellos convirtiÃ©ndolos en proveedores de la fruta por mÃ­nimo 28 aÃ±os para asÃ­ lograr satisfacer la demanda creciente por parte del mercado nacional e internacional.</p>
<p style="text-align: justify;">Por lo tanto el papel que juega Indupalma dentro del proyecto es muy valioso. Esta se encarga de administrar, operar y divulgar el programa dentro de los distintos lugares donde se ubica. A su vez, la empresa ofrece asesorÃ­as financieras, comerciales y judiciales para colaborarle a la poblaciÃ³n y nuevos socios de la empresa con sus necesidades y dudas. Actualmente se han visto mÃ¡s de 1300 personas involucradas, al igual que mÃ¡s de 500 familiar que cuentan con la titularidad de las tierras por parte de este proyecto.</p>
<p style="text-align: justify;">Este proyecto impulsado por Indupalma, el gobierno y demÃ¡s entidades del sector privado ha servido como referente para otros organismos y empresas en distintos paÃ­ses de la regiÃ³n. Este esquema ha logrado convertirse en un negocio ideal para todas las partes. Por un lado la empresa se ha visto inmensamente beneficiada al evidenciar la duplicaciÃ³n de la frontera productiva y su capacidad, el incremento en producciÃ³n de un +78%, el aumento de la productividad en un 60% y la generaciÃ³n de nuevos proyectos e inversiones. Por otro lado, entre los beneficios de los campesinos/proveedores encontramos que se aseguraron una venta de la producciÃ³n durante mÃ­nimo 28 aÃ±os, generaron 1800 empleos directos y 3600 indirectos, gozaron de programas educativos en temas financieros, administrativos, agronÃ³micos y demÃ¡s, se crearon mÃ¡s de 30 cooperativas de trabajo. Y por Ãºltimo, la comunidad se beneficiÃ³ al asegurar el mejoramiento de las condiciones de vida de los beneficiados, tambiÃ©n se disminuyÃ³ el hurto y el homicidio en los municipios donde se ubican los proyectos y se crearon lazos sociales fuertes mediante el fortalecimiento del tejido social.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/indupalma4.jpg"><img decoding="async" class="alignnone wp-image-3992" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/indupalma4.jpg" alt="indupalma4" width="550" height="329" /></a>De esta manera se logra sembrar el camino para desarrollar un crecimiento econÃ³mico sostenible. Este tipo de negocios son aquellos que se deben estar discutiendo en la Habana para guiar el futuro del paÃ­s en donde todos los actores involucrados al campo colombiano tengan la oportunidad de salir de la miseria y se vuelvan entes productivos de las sociedad. Este modelo puede llegar a implementarse en cualquier tipo de negocio de la agroindustria. AsÃ­ bien, servirÃ¡ inclusive para los excombatientes que estarÃ¡n desempleado en marzo, al finalizar la guerra.</p>
<p>@SanVasquezG</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BibliografÃ­a </strong></p>
<p>CECODES. (2008). Alianza para los negocios inclusivos. Recuperado el 18 de febrero de 2016 de: <a href="http://www.cecodes.org.co/descargas/documentos_ni/libro_ni_colombia_diciembre08.pdf">http://www.cecodes.org.co/descargas/documentos_ni/libro_ni_colombia_diciembre08.pdf</a></p>
<p>Indupalma. Recuperado el 18 de febrero de 2016 de: <a href="http://www.indupalma.com/sites/default/files/file_attach/Informe%20Sostenibilidad%20IN">http://www.indupalma.com/sites/default/files/file_attach/Informe%20Sostenibilidad%20IN</a></p>
<p>Indupalma. Nuestra historia. Recuperado el 18 de feb. de 16 de: <a href="http://www.indupalma.com/nuestra-historia/nacimiento-y-crecimiento-1961-1977">http://www.indupalma.com/nuestra-historia/nacimiento-y-crecimiento-1961-1977</a></p>
<p>Ossa, M. (2013). Caso de Ã©xito de industria agraria la palma. Colegio de Estudios Superiores de AdministraciÃ³n. Recuperado el 18 de feb. de 16 de: <a href="http://repository.cesa.edu.co/bitstream/10726/1303/5/TG00810.pdf">http://repository.cesa.edu.co/bitstream/10726/1303/5/TG00810.pdf</a></p>
<p>Imagen 1 tomada de: http://www.indupalma.com/sites/default/files/gallery/banner-operacionlogistica.jpg?1316620954</p>
<p>Imagen 2 tomada de: http://noticiasunolaredindependiente.com/wp-content/uploads/2013/09/Indupalma_Home.jpg</p>
<p>Imagen 3 tomada de: http://radiomacondo.fm/wp-content/uploads/2013/10/indupalma-cultivo-palma-640&#215;280-02072012.jpg</p>
<p>Imagen 4 tomada de: http://www.fedebiocombustibles.com/files/NotNal(3).jpg</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Una VisiÃ³n Sostenible: Cultivo de Palma</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/una-vision-sostenible-cultivo-de-palma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Feb 2016 03:09:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[ConservaciÃƒÂ³n y sostenibilidad]]></category>
		<category><![CDATA[GestiÃƒÂ³n y territorio]]></category>
		<category><![CDATA[Palma de Aceite]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<category><![CDATA[sostenibilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Sostenibilidad Social]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La industria de aceite de palma es actualmente lÃ­der a nivel mundial en la provisiÃ³n de aceites y grasas.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Es uno de los sectores con mayor potencial por la versatilidad de usos y aplicaciones de sus productos, tales como aceite de cocina, grasas especiales, sustitutos de manteca de cacao y de grasas animales, margarinas, productos de aseo, jabones, detergentes, cosmÃ©ticos, cremas dentales, velas, lubricantes, pinturas, biocombustibles y energÃ­a elÃ©ctrica, entre muchos otros.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> Es correcto afirmar que la palma de aceite hace gran parte de la vida de las personas; se encuentra presente en la mayorÃ­a de alimentos y artÃ­culos de uso diario.</p>
<p>En este contexto, Colombia es actualmente el primer productor de aceite de palma en AmÃ©rica y el cuarto en el mundo. Sin duda alguna, es una muy poderosa industria que podrÃ­a ser capaz de aportar estabilidad econÃ³mica y social a todo un paÃ­s. El paÃ­s cuenta con 58 nÃºcleos palmeros distribuidos en cuatro zonas: la zona norte, compuesta por la Costa y el Cesar con 15; la zona central, compuesta por el sur del Cesar; Bucaramanga y Norte de Santander con 13; la zona oriental compuesta por el Meta y Casanare con 25; y el suroccidente, compuesto por Tumaco y CaquetÃ¡ con 5.</p>
<p><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Mapa1_0.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-3972" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Mapa1_0-214x300.jpg" alt="Mapa[1]_0" width="362" height="507" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Imagen tomada de: http://anif.co/node/5045</p>
<p>La demanda por el aceite de palma se ha incrementado a travÃ©s de los aÃ±os al igual que la variedad de usos. Es un producto con mucho valor y mucho futuro ya que genera grandes utilidades a los miembros del sector y tambiÃ©n se le visiona como el gran sustituto del combustible. Adicionalmente, existe la idea de un Plan Nacional para el Desarrollo Integral de la Agroindustria de la Palma de Aceite en Colombia; una estrategia fundamental a nivel nacional que garantice la sostenibilidad econÃ³mica y social del sector. El plan fue estructurado por el Dr. Arturo Infante Villarreal, y es un modelo ejemplar para poner en funcionamiento especialmente en estos dÃ­as que estamos prÃ³ximos a firmar la paz.</p>
<p>Infante traduce el Plan como: â€œEl esquema social y financiero para el desarrollo de proyectos integrales de palma de aceite en Colombiaâ€, en el que propone una expansiÃ³n en la cadena productiva de esta industria agrÃ­cola. El Plan consiste en sembrar 830.000 nuevas hectÃ¡reas de palma de aceite en plantaciones grandes, de 30.000 hectÃ¡reas cada una, desarrollÃ¡ndolas en bloques de 5.000 hectÃ¡reas. El autor comenta que debe ser una siembra de este tamaÃ±o para asÃ­ aprovechar las economÃ­as de escala en el establecimiento, mantenimiento y explotaciÃ³n de las plantaciones para poder competir en los mercados internacionales. Dicho autor, ex Rector de Uniandes, ex embajador en Malasia y antiguo miembro especial de la Junta Directiva de CENIPALMA, reitera que en los paÃ­ses lideres la industria palmer, Indonesia y Malasia, una plantaciÃ³n de 20.000 hectÃ¡reas es difÃ­cilmente eficiente para enfrentar los mercados internacionales.</p>
<p><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/AceitedePalmaColombia.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-3973" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/AceitedePalmaColombia-300x200.jpg" alt="AceitedePalmaColombia" width="500" height="333" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Imagen tomada de: http://www.fao.org/agronoticias/agro-noticias/detalle/en/c/163417/</p>
<p>La expansiÃ³n de las plantaciones debe ir acompaÃ±ada de un crecimiento sincronizado de la industria intermedia del aceite para penetrar los mercados internacionales con productos que cuenten con un valor agregado. Las fÃ¡bricas existentes en Colombia son pequeÃ±as con capacidad de 200 toneladas por dÃ­a, mientras que los paÃ­ses lÃ­deres tienen capacidades de 1.000 toneladas por dÃ­a, o mÃ¡s. Adicionalmente, la industria oleoquÃ­mica (fabricante de productos especializados) prÃ¡cticamente no existe en Colombia. â€œEn Malasia, el lÃ­der mundial, existe una gran integraciÃ³n entre las plantaciones, la industria intermedia y las instalaciones oleoquÃ­mica que funcionan mediante acuerdos con las grandes empresas multinacionales del sector como Procter &amp; Gamble, Cargill, NestlÃ©, Henkel, Cognis y Kaoâ€<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</p>
<p>El propÃ³sito del Plan va mÃ¡s allÃ¡ de lo econÃ³mico. Este busca contribuir significativamente a apaciguar los graves problemas sociales que sufren las zonas rurales mediante el ofrecimiento de empleo y vinculaciÃ³n como copropietarios de las nuevas plantaciones a la poblaciÃ³n mÃ¡s vulnerable. Entre ellos se encuentran los campesinos pobres, los desplazados de la violencia (quienes en un 60% estÃ¡n integrados por mujeres cabeza de familia), los campesinos a quienes se quiere remover de cultivos ilÃ­citos y por Ãºltimo, a los combatientes reinsertados a la vida civil. El plan proveerÃ­a ingresos a cerca de 440.000 trabajadores y sus familias, incluyendo a los 75.000 que ya se estÃ¡n beneficiando con los empleos directos e indirectos de la industria palmera.</p>
<p><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/779eddf6131b443d9caaf6e1324de76e.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-3974" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/779eddf6131b443d9caaf6e1324de76e-300x210.jpg" alt="779eddf6131b443d9caaf6e1324de76e" width="500" height="350" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Imagen tomada de: http://www.colombia.com/actualidad/economia/sdi/84579/la-palma-revive-en-tumaco-una-de-las-zonas-mas-conflictivas-de-colombia</p>
<p>El Plan requerirÃ­a una inversiÃ³n de $4.355.125 (pesos en 2002) por hectÃ¡rea hasta la etapa productiva, que empieza tres aÃ±os despuÃ©s de la siembra, lo cual arroja un gran total de aproximadamente US$ 1.095 millones para las 800.000 has a la tasa de cambio actual ($3,300 por dÃ³lar), sin incluir el valor de la tierra ni las plantas extractoras del aceite. Los estudios previos de evaluaciÃ³n edafoclimÃ¡tica adelantados por Fedepalma, Finagro y una misiÃ³n de Malasia que visitÃ³ a Colombia, indican que existen 3,5 millones de hectÃ¡reas aptas para el cultivo de la palma en varias zonas del paÃ­s, siendo las mÃ¡s prometedoras las ubicadas en el Magdalena medio y bajo, debido al atractivo de las tierras en sÃ­ y al sistema de transporte existente, el cual puede ser reforzado con la navegaciÃ³n fluvial del rÃ­o Magdalena<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</p>
<p><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Corte_de_palma.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-3975" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Corte_de_palma-300x225.jpg" alt="Corte_de_palma" width="500" height="375" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Tomado de: http://riodeoro-cesar.gov.co/apc-aa-files/65353237353930643863316363336662/Corte_de_palma.jpg</p>
<p>En conclusiÃ³n, el aceite de palma es un producto que cuenta con un alto valor econÃ³mico gracias a las grandes demandas mundiales. Es tambiÃ©n un producto que cuenta con muchÃ­simos usos y fines, lo que lo hace muy atractivo a futuro. Implementando el Plan creado por Arturo Infante, la palma de aceite le garantizarÃ­a ingresos a cerca de 440.000 trabajadores y sus familias. Entre los beneficiados se verÃ­a la poblaciÃ³n rural marginada que gozarÃ­a de un porcentaje de las acciones, convirtiÃ©ndose en copropietarios de la plantaciÃ³n en la cual trabajarÃ¡n. Campesinos pobres, desplazados, sembradores de cultivos ilÃ­citos y ex guerrilleros serÃ­an los grandes beneficiados con este plan; y asÃ­ mismo, Colombia se volverÃ­a mÃ¡s competitiva y conquistarÃ­a parte del mercado internacional del aceite de palma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BibliografÃ­a</strong></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Portafolio. (2014). EconomÃ­a. Colombia, cuarto productor de aceite de palma en el mundo. Tomado el 11 de feb. de 16 de: http://www.portafolio.co/especiales/portafolio-21-aniversario/colombia-productor-aceite-palma-2014</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Infante, A. (2002). MÃ³dulo AcadÃ©mico. El esquema social y financiero para el desarrollo de proyectos integrales de palma de aceite en Colombia. Tomado el 11 de feb. de 16 de:</p>
<p>http://publicaciones.fedepalma.org/index.php/palmas/article/viewFile/945/945</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Infante, A. (2002). MÃ³dulo AcadÃ©mico. El esquema social y financiero para el desarrollo de proyectos integrales de palma de aceite en Colombia. Tomado el 11 de feb. de 16 de: http://publicaciones.fedepalma.org/index.php/palmas/article/viewFile/945/945</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Palma de Aceite: Las Dos Caras de la Moneda</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/3879-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Feb 2016 23:24:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Palma]]></category>
		<category><![CDATA[Palma de Aceite]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://aneia.pixelpro.website/3879-2/</guid>

					<description><![CDATA[<p>Desde sus inicios, la industria palmera ha sufrido muchos intentos de desprestigio por parte de diferentes sectores del agro y otros factores.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La historia nos ha enseÃ±ado que â€œcon mucha frecuencia, a veces demasiada, un producto se ve atropellado por aseveraciones no siempre ciertasâ€<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>; condenÃ¡ndolo a llevar una mala reputaciÃ³n durante largos aÃ±os. De los primeros ataques en contra de las plantaciones de palma africana se evidencia la propiciada por los cultivadores de soya de los Estados Unidos, quienes la juzgaban como un veneno. Se decÃ­a que el aceite de palma, al igual que el de coco, eran â€œculpables de elevar los niveles de colesterol en la sangre y de ser altamente perjudicial para la salud humanaâ€<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>1. En Colombia la situaciÃ³n no ha sido distinta, la imagen de la industria ha sufrido mucho por parte de otros gremios agrÃ­colas, los ambientalistas y las guerrillas â€“ ELN, EPL y FARC.</p>
<p style="text-align: justify;">Para los ambientalistas, el cultivo de palma provoca serios problemas medioambientales como la deforestaciÃ³n, la contaminaciÃ³n del aire y del aire o las sequÃ­as. Esto le ha agregado aÃºn mÃ¡s mala reputaciÃ³n de la que se tenÃ­a. Sin embargo, los colombianos debemos entender que vivimos en un paÃ­s donde nuestros principales recursos no vienen de las urbes, sino del campo. Los recursos naturales y la agricultura son fundamentales para el desarrollo econÃ³mico del paÃ­s y tiene una relevancia estratÃ©gica como generador de empleo en el Ã¡rea rural. Por su lado, el sector palmero â€œgenera aproximadamente 135.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos y apoya a mÃ¡s de 6.000 pequeÃ±os productores.â€<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> (Jens Mesa, presidente de Fedepalma).</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, se encuentra, las guerrillas, entre ellas las FARC; quienes desde que comenzÃ³ el Plan Colombia del gobierno Pastrana, han atacado la idea de muchos empresarios de los subsectores de palma, cacao, caucho, etc. de sustituir cultivos ilÃ­citos por cultivos legales generadores de empleos y grandes utilidades. â€œClaramente, a las FARC no les gustaba este modelo ya que les redujo â€“en menos de diez aÃ±os-, unas 100 mil hectÃ¡reas de cocaâ€ que pudieron ser exportadas a mercados internacionales generando asÃ­ millones y millones de dÃ³lares. â€œTal vez por ello, comenzaron a travÃ©s de varias ONG, congresistas y sus periodistas/columnistas de un par de medios importantes del paÃ­s, una campaÃ±a mediÃ¡tica de desprestigio contra los empresarios de la palma y otros gremios de la producciÃ³n agropecuaria. Como en este paÃ­s, una calumnia la convierten en verdad en menos de dos horas, alcanzaron a estigmatizar a los empresarios de la palma como despojadores de tierras y deforestadores de bosques naturales. Nada mas perverso y lejano de la realidadâ€<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Cultivo-Palma-A.png"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-3881 " src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Cultivo-Palma-A.png" alt="Cultivo Palma A" width="501" height="334" /></a><a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a></p>
<p style="text-align: justify;">La realidad de la palma de aceite y del paÃ­s es otra de la que nos quieren hacer ver los distintos intereses personales otros gremios agrÃ­colas y las FARC. La situaciÃ³n real es que el sector palmero â€œconforma la mejor comunidad agrÃ­cola de Colombia, nunca promueven paros, contribuyen con la preservaciÃ³n del medio ambiente, ayudan a sustituir cultivos ilÃ­citos, reactivan la economÃ­a en zonas apartadas y garantizan el aceite de cocina y el biocombustible a 47 millones de colombianosâ€<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. Adicionalmente, los aceites de palma crudo y rojo son la fuente mÃ¡s rica en precursores de la vitamina A, que son potentes agentes antioxidantes. Esta caracterÃ­stica hace del aceite de palma un preventivo contra la ceguera nocturna consecuente de la desnutriciÃ³n y de la falta de vitamina A. Se considera que la falta de vitamina A es un problema de salud pÃºblica en 60 paÃ­ses, y pone en riesgo la vida y la visiÃ³n de aproximadamente 250 millones de niÃ±os en edad preescolar<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. Inclusive, investigaciones mundiales reiteran que el aceite de palma reduce los niveles de colesterol sanguÃ­neo.</p>
<p style="text-align: justify;">En conclusiÃ³n, mÃ¡s que un problema, el cultivo de palma de aceite debe ser una soluciÃ³n para el paÃ­s. Ahora que estamos a punto de firmar la paz, en La Habana deben estar pensando en implementar un modelo asociativo que pueda garantizar a largo plazo una vida digna a los 8000 reinsertados. La cuestiÃ³n de integrar victimas y victimarios no serÃ¡ un tema fÃ¡cil, pero para que el paÃ­s salga adelante se debe diseÃ±ar una polÃ­tica agraria sostenible y rentable de los agro negocios a largo plazo. â€œEn tÃ©rminos prÃ¡cticos, hay que destinar 800 mil hectÃ¡reas, ocho mil viviendas y garantizar los recursos de inversiÃ³n para subvencionar insumos agrÃ­colas, semillas, instalaciÃ³n de sistemas de riego, compra de maquinaria, equipos e infraestructura de almacenamiento de alimentos, lÃ­neas de crÃ©dito a largo plazo, transferencia de tecnologÃ­a y un mecanismo de sustentaciÃ³n de precios de mercado. Es asÃ­ como se resuelve este problema del post conflicto, porque nadie en BogotÃ¡, les va a dar empleo a estos reinsertados.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>â€</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/PALMA.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-3882" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/PALMA.jpg" alt="PALMA" width="502" height="189" /></a><a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BibliografÃ­a</strong></p>
<p>Nota: Imagen Inicial de Duncan Gromko, 2015. Disponible en: <a href="http://latinamericanscience.org/palma">http://latinamericanscience.org/palma</a></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Moanack, G. (2000). El Tiempo. Revaluando la imagen de un aceite. Tomado el 29 de enero de 2016 de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1234594</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"></a>2 Moanack, G. (2000). El Tiempo. Revaluando la imagen de un aceite. Tomado el 29 de enero de 2016 de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1234594</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> RedacciÃ³n Negocios. (2013). El Espectador. El modelo que genera polÃ©mica. Tomado el 29 de ene. de 16 de: http://www.elespectador.com/noticias/economia/el-modelo-genera-polemica-articulo-445381</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Dangond, I. (2015). El Espectador. El aceite del post conflicto. Tomado el 29 de ene. de 16 de: http://www.elespectador.com/opinion/el-aceite-del-post-conflicto-columna-549246</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> RedacciÃ³n Negocios. (2013). El Espectador. El modelo que genera polÃ©mica. Tomado el 29 de ene. de 16 de: http://www.elespectador.com/noticias/economia/el-modelo-genera-polemica-articulo-445381</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Dangond, I. (2015). El Espectador. El aceite del post conflicto. Tomado el 29 de ene. de 16 de: http://www.elespectador.com/opinion/el-aceite-del-post-conflicto-columna-549246</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Moanack, G. (2000). El Tiempo. Revaluando la imagen de un aceite. Tomado el 29 de enero de 2016 de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1234594</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Dangond, I. (2015). El Espectador. El aceite del post conflicto. Tomado el 29 de ene. de 16 de: http://www.elespectador.com/opinion/el-aceite-del-post-conflicto-columna-549246</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Procolombia. Agroindustria. Aceite de Palma. Tomado el 2 de febrero de 2016 de: http://ue.procolombia.co/sites/default/files/imagecache/Interna_600x226/PALMA.jpg</p>
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		<title>RestituciÃ³n de Tierras. Contexto</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/diego-cruz-moya/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 Feb 2014 07:15:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<category><![CDATA[restituciÃƒÂ³n de tierras]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://aneia.pixelpro.website/diego-cruz-moya/</guid>

					<description><![CDATA[<p>El proceso de restituciÃ³n de tierras como etapa posterior, y a su vez alterna, a un entorno plagado de varios frentes armados que se alimentan por el conflicto interno, como la guerrilla, los paramilitares, las Bacrim y el narcotrÃ¡fico no solo habrÃ­a de servir como mecanismo de reparaciÃ³n de vÃ­ctimas del conflicto.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div>
<p style="text-align: justify;">
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<p style="text-align: justify;"><span id="more-197"></span></p>
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<p style="text-align: justify;">TambiÃ©n deberÃ­a tenerse en cuenta que este proceso implica para el restituido la re-adaptaciÃ³n a la cotidianidad en la que se desenvolvÃ­a antes de ser despojado y en el que las actividades pueden ir desde labrar la tierra, pasando por la ganaderÃ­a, llegando incluso a procesos de emprendimiento truncados como consecuencia del conflicto. Al respecto, de los beneficiarios de restituciÃ³n, â€œalrededor del 66 % han retornado a vivir o ejercen un retorno laboral en sus predios; del 34% restante, aproximadamente el 24 % estÃ¡ pendiente de la entrega de sus terrenos y solo un 10 % no ha retornadoâ€<a title="" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></p>
<p style="text-align: justify;">Para poner en contexto la consistencia de la restituciÃ³n de tierras en el contexto Colombiano es necesario aludir a la ley 1448 de 2011: â€œConocida como Ley de VÃ­ctimas y RestituciÃ³n de Tierras, en su tÃ­tulo IV capÃ­tulo II, crea un procedimiento legal para restituir y formalizar la tierra de las vÃ­ctimas del despojo y abandono forzoso que se hubieren presentado desde el 1 de enero de 1991 con ocasiÃ³n del conflicto armado interno. El procedimiento es mixto en cuanto se compone de una etapa administrativa (inscripciÃ³n en el registro de tierras despojadas) y de un recurso judicial (acciÃ³n de restituciÃ³n)â€. <a title="" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></p>
<p style="text-align: justify;">Ahora bien, en otros contextos caracterizados por la presencia de actores inmersos en conflictos armados o de carÃ¡cter polÃ­tico, estos procesos conllevaron varios aÃ±os para su materializaciÃ³n. Sin embargo, las caracterÃ­sticas de Colombia, cuyo conflicto lleva un poco mÃ¡s de 50 aÃ±os de duraciÃ³n, no son comparables. â€œLa restituciÃ³n de propiedad en Bosnia (51129 Km2 de extensiÃ³n territorial y 3.935.000 habitantes) suele considerarse un Ã©xito, en particular porque la restituciÃ³n no fue condiciÃ³n para el regreso fÃ­sico de los refugiados y desplazados internos. En Kosovo (10887 Km2 de extensiÃ³n territorial y 1.800.000 habitantes), la ComisiÃ³n de Reclamos de Vivienda y Propiedad (HPCC ) resolviÃ³ unos 29.000 reclamos relacionados con la propiedad entre 1999 y 2006. Sin embargo, no fue hasta 2006 que otra instituciÃ³n, la Agencia de Propiedades de Kosovo, se creÃ³ para resolver reclamos respecto de la tierra agrÃ­cola. Mientras en Timor-Leste (15.007 Km2 de extensiÃ³n territorial y 1.062.777 habitantes) como consecuencia del despojo extranjero y el desplazamiento masivo, los timorenses pueden reclamar la tierra sobre la base de intereses contrapuestos tradicionales subyacentes, tÃ­tulos emitidos durante la colonizaciÃ³n portuguesa y la invasiÃ³n indonesia, o a travÃ©s de la ocupaciÃ³n a largo plazo.<a title="" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>â€</p>
<p style="text-align: justify;">Claro estÃ¡, lo anteriormente descrito no necesariamente implica que, comparados con Colombia, sus procesos hayan sido necesariamente fÃ¡ciles. La trascendencia y cercanÃ­a de nuestro conflicto relacionados con extensiÃ³n de territorio y complejidades geogrÃ¡ficas que el paÃ­s implica (la extensiÃ³n de nuestro paÃ­s es de 1.141.748 kmÂ² en su Ã¡rea continental), le prestan al proceso de restituciÃ³n de tierras en Colombia un panorama especial, ya que no necesariamente se ciÃ±e un conflicto de carÃ¡cter polÃ­tico, como en los casos descritos. Pero, una complejidad en grado sumo, si se compara a Colombia con aquellos paÃ­ses es que no alcanzan a ser, nisiquiera, el 10% de nuestro territorio continental. Por lo tanto, la proporciÃ³n tanto del conflicto, asÃ­, como de las tierras a ser restituidas no alcanza las dimensiones, comparativamente hablando, entre los casos ejemplificados y el de nuestro paÃ­s.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, dadas las caracterÃ­sticas e implicaciones razonadas en el Ã¡mbito del post-conflicto, queda en evidencia que no ha de abstraerse la temÃ¡tica de la devoluciÃ³n o restituciÃ³n de tierras a un simple hecho de devolverlas materialmente. Se debe ir mÃ¡s allÃ¡ y entenderse aquel proceso como algo integral al que se adhieran aspectos sociolÃ³gicos, porque no antropolÃ³gicos que respalden el Ã©xito de dicha polÃ­tica con vÃ­ctimas afectadas por dicho flagelo del despojo, gracias al conflicto.</p>
<div>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div style="text-align: justify;">
<p><a title="" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Revista Semana. <a href="http://www.semana.com/nacion/articulo/restitucion-de-tierras-human-rights-watch-colombia/358157-3">http://www.semana.com/nacion/articulo/restitucion-de-tierras-human-rights-watch-colombia/358157-3</a></p>
</div>
<div style="text-align: justify;">
<p><a title="" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> RestituciÃ³n de Tierras. <a href="http://restituciondetierras.gov.co/?action=article&amp;id=9">http://restituciondetierras.gov.co/?action=article&amp;id=9</a>. Consultado el 2 de Febrero de 2014</p>
</div>
<div>
<p style="text-align: justify;"><a title="" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Kit De Herramientas Y OrientaciÃ³n Para La PrevenciÃ³n y GestiÃ³n de Conflictos De Tierras Y Recursos Naturales. RestituciÃ³n de tierras en Bosnia, Kosovo, Timor-Leste,</p>
<p style="text-align: justify;">Rwanda y RepÃºblica Checa . PÃ¡g 51</p>
</div>
</div>
</div>
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</div>
<p>La entrada <a href="https://aneia.uniandes.edu.co/diego-cruz-moya/">RestituciÃ³n de Tierras. Contexto</a> se publicó primero en <a href="https://aneia.uniandes.edu.co">ANeIA | Universidad de los Andes - AGRONEGOCIOS E INDUSTRIA DE ALIMENTOS</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Tierra en un escenario de posconflicto en Colombia</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/diego-cruz/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Jan 2014 18:31:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Proceso de Paz]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://aneia.pixelpro.website/diego-cruz/</guid>

					<description><![CDATA[<p>Bien lo menciona la ONU en su â€œKit de herramientas y orientaciÃ³n para la prevenciÃ³n y gestiÃ³n de conflictos de tierras y recursos naturalesâ€, que es un artÃ­culo realizado en convenio con la UE: La relaciÃ³n de tierra y conflicto, independientemente del contexto y el escenario, es una relaciÃ³n complicada.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;">Por ejemplo, â€œlos asuntos en torno a la tierra han tenido un papel significativo en todos menos en tres de los mÃ¡s de 30 conflictos internos que han tenido lugar en Ãfrica desde 1990â€ <a title="" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</div>
<p><span id="more-195"></span></p>
<div style="text-align: justify;">Por supuesto, Colombia no es ajena al flagelo que implica esta indeseable relaciÃ³n tierra-conflicto. Un argumento es el orden que, en la agenda del proceso de paz actual, tuvo el tema agrario: PolÃ­tica de desarrollo agrario integral<a title="" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, como primer punto en la mesa de diÃ¡logos. No en vano, se puede establecer la estrecha relaciÃ³n entre filiaciÃ³n polÃ­tica, territorio y pertenencia a â€œrepÃºblicas independientesâ€ en tanto las guerrillas, las Farc, en particular, se presentan como defensoras del campesinado que encontraba salida en la coca, una vez excluÃ­do o despojado de sus tierras y derechos ciudadanos en sus lugares de origen.<a title="" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> Palacios (2012).</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Si bien es cierto que el marco de carÃ¡cter jurÃ­dico y conceptual que comprende esta temÃ¡tica es bastante amplio, son a mi juicio dos los aspectos mÃ¡s importantes que requieren de un anÃ¡lisis mÃ¡s profundo. Estos son los de: tenencia y propiedad de tierras, por un lado. Mientras tanto, el siguiente aspecto se refiere a la restituciÃ³n de tierras.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Lo anterior se argumenta sobre la base del proceso de confrontaciÃ³n armada al que lleva sometido nuestro paÃ­s y que le ha implicado mÃ¡s de cincuenta aÃ±os de conflicto. Y una de las consecuencias inevitables que genera lo anterior se asocia al desplazamiento que, entre otras cosas, progresivamente redunda en procesos de desarraigo. Respecto de eso la ONU menciona: â€œEn perÃ­odos de inseguridad, las controversias a causa de la tierra pueden volverse cada vez mÃ¡s violentas, dÃ¡ndose la posible consecuencia del desplazamiento de una parte de la poblaciÃ³n<a title="" href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>â€. AsÃ­ como la matanza de poblaciones inocentes que lleva al desplazamiento de los sobrevivientes.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">En segundo lugar, como parte del reingreso a la sociedad civil de los integrantes de los grupos insurgente implica mÃ¡s que un sometimiento a la justicia, el hecho de actuar en procura de devolver todas aquellas propiedades de las que fueron despojados, entonces el tema de la restituciÃ³n adquiere una relevancia que debe estar a la altura de las necesidades de aquellas personas que debieron abandonar sus predios buscando salvaguardar su integridad. AsÃ­ las cosas, un dato de suma preocupaciÃ³n que expresan fuentes como la del periodista de CM&amp;, Mauricio GÃ³mez, expresan que el 60% de la poblaciÃ³n desplazada no tiene tÃ­tulos registrados.<a title="" href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">En suma, estos dos ejes que tan solo ha de ser una pequeÃ±a parte de lo tratado en la mesa de conversaciones en el aspecto agrario, hace parte de la maraÃ±a que implicarÃ¡ para las partes acuerdos inevitables en pro de llegar acuerdos concretos para la consecuciÃ³n de la paz. Sin embargo, la parte mÃ¡s agrave de ese asunto es el telÃ³n de impunidad que para ambos casos, eventualmente traerÃ¡ dicho acuerdo en donde probablemente no se llegue a una reparaciÃ³n satisfactoria en tÃ©rminos de tierra, restituciÃ³n y propiedad.</div>
<div>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div style="text-align: justify;">
<p><a title="" href="#_ftnref1" name="_ftn1"><span data-mce-mark="1"><span data-mce-mark="1">[1]</span></span></a><span data-mce-mark="1">OrganizaciÃ³n de las Naciones Unidas (Onu) </span><a href="http://www.un.org/es/land-natural-resources-conflict/pdfs/GN_Land%20and%20Conflict.pdf">http://www.un.org/es/land-natural-resources-conflict/pdfs/GN_Land%20and%20Conflict.pdf</a><span data-mce-mark="1">. Consultado el 26 de Enero de 2014.</span></p>
</div>
<div style="text-align: justify;">
<p><a title="" href="#_ftnref2" name="_ftn2"><span data-mce-mark="1"><span data-mce-mark="1">[2]</span></span></a><span data-mce-mark="1">Mesa de Conversaciones Gobierno de Colombia-Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) </span><a href="http://localhost/agronegociofinalpro/wp-content/uploads/2014/01/https%3A__www.mesadeconversaciones.com.co_sites_default_files_AcuerdoGeneralTerminacionConflicto.pdf">https://www.mesadeconversaciones.com.co/sites/default/files/AcuerdoGeneralTerminacionConflicto.pdf</a><span data-mce-mark="1">. Consultado el 26 de Enero de 2014.</span></p>
</div>
<div style="text-align: justify;">
<p><a title="" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> PALACIOS Marco. Violencia PÃºblica en Colombia 1958-2010. Fondo de Cultura EconÃ³mica. Primera EdiciÃ³n, 2012. CapÃ­tulo 1, PÃ¡ginas 54 y 60.</p>
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<div style="text-align: justify;">
<p><a title="" href="#_ftnref4" name="_ftn4"><span data-mce-mark="1"><span data-mce-mark="1">[4]</span></span></a><span data-mce-mark="1"> <a href="http://www.un.org/es/land-natural-resources-conflict/pdfs/GN_Land%20and%20Conflict.pdf">http://www.un.org/es/land-natural-resources-conflict/pdfs/GN_Land%20and%20Conflict.pdf</a></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><a title="" href="#_ftnref5" name="_ftn5"><span data-mce-mark="1"><span data-mce-mark="1">[5]</span></span></a><span data-mce-mark="1"> CrÃ³nicas de Mauricio GÃ³mez, Noticiero CM&amp;. </span><a href="http://www.youtube.com/watch?v=tUt1CcYjFbc">http://www.youtube.com/watch?v=tUt1CcYjFbc</a><span data-mce-mark="1">. Consultado el 26 de Enero de 2014.</span></p>
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			</item>
		<item>
		<title>La conservaciÃ³n como mecanismo de reinserciÃ³n en el proceso de desmovilizaciÃ³n, desarme y reinserciÃ³n en Colombia.</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/la-conservacion-como-mecanismo-de-reinsercion-en-el-proceso-de-desmovilizacion-desarme-y-reinsercion-en-colombia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 21:26:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[ConservaciÃƒÂ³n Ambiental]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dentro de las polÃ­ticas de vÃ­ctimas del conflicto armado colombiano que se estÃ¡n desarrollando actualmente, el medio ambiente ha brillado por su ausencia. Las consecuencias que ha dejado el conflicto en Ã©l no se han medido dentro de las repercusiones econÃ³micas de este y mucho menos se ha planteado polÃ­tica alguna para recuperarlas.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"></div>
<p><span id="more-193"></span></p>
<div style="text-align: justify;">
<p>Desde hace algunos aÃ±os se ha venido dando un proceso de desmovilizaciÃ³n, desarme y reinserciÃ³n (DDR) de grupos como los paramilitares y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Estos procesos se han venido dando en medio del conflicto con otros grupos armados como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), por lo que nuestro panorama social tiene caracterÃ­sticas de posconflicto y de conflicto. DiÃ¡logos como el de los paramiliatares y el de las AUC dejaron un ambiente de desconfianza generalizado en la poblaciÃ³n ya que no fueron claras las penas y mucho menos las comisiones de verdad y reparaciÃ³n, donde solo con decir que iban a confesar los guerrilleros tenÃ­an acceso a los beneficios jurÃ­dicos de la ley de garantÃ­as, y sin embargo al final quedaban los mismos interrogantes. El poder de facto de los paramilitares aun continÃºa, y su medio de financiaciÃ³n, el narcotrÃ¡fico, es una fuerza creciente en el campo que devasta ecosistemas completos y que luego crea una guerra de bandas criminales en el interior de la ciudad. Como menciona Antonio Campos Polaina en su libro sobre posconflicto colombiano: El proceso de negociaciÃ³n dejÃ³ muchos aprendizajes y amargas experiencias que posiblemente se trataron de subsanar extraditando a los principales jefes, a rendir cuentas a los tribunales norteamericanos en medio de una crÃ­tica Ã¡cida, al observar que las extradiciones se hacen sin haber cumplido cumplido con la ley de justicia, verdad y reparaciÃ³n, aunque con la ingenua promesa de que, simultÃ¡neamente, irÃ­an confesando, reparando y pagarÃ­an las mÃ­nimas penas. El proceso inconcluso administrado como hacienda deja fuerzas emergentes, narcotraficantes, personajes en la clandestinidad, libres por vencimiento de tÃ©rminos, instituciones y personas severamente cuestionadas, presiones a las cortes, muertes selectivas. Exilios, destierros, desaparecidos y finalmente un Estado con matices de totalitarismo. (Polaina, Antonio. Postconflicto colombiano. 2009:141)</p>
<p>Para que un proceso de desarme, desmovilizaciÃ³n y reinserciÃ³n sea exitoso debe tener un proceso de negociaciÃ³n anterior que sea estructurado y tenga en cuenta las variables que puedan llevar a la reincidencia en el conflicto. Paul Collier, investigador del Banco Mundial, menciona que los grupos armados son negocios que se aprovechan de la situaciÃ³n especÃ­fica, de ausencia del Estado, caracterÃ­sticas geogrÃ¡ficas, oportunidades econÃ³micas y se apoyan en alguna ideologÃ­a, pero su base es la financiaciÃ³n: Un movimiento de protesta, por ejemplo, depende de miles de personas que se reÃºnen un par de dÃ­as en las calles. Un movimiento polÃ­tico depende econÃ³micamente de las personas que a Ã©l pertenecen. Mientras los movimientos insurgentes son un ejÃ©rcito que trabaja dÃ­a y noche. Hay que vestirlo, alimentarlo y alojarlo. Sus jefes tienen que hacer muy buenos negocios para financiar esas actividadesâ€¦De donde salen estos altos ingresos? Pues bien, provienen de dos grandes fuentes, y ambas dependen indirectamente de los recursos naturales y los commodities. (Collier, Paul. Hacia una economÃ­a sostenible: Conflicto y posconflicto en Colombia.2003:130). Es asÃ­ que la primera funciÃ³n para una negociaciÃ³n segÃºn este autor depende de que la financiaciÃ³n del grupo armado no sea sostenible y asÃ­ poder negociar. Si las ganancias del conflicto continÃºan a la mano, la buena voluntad no es un buen inicio para generar dicha negociaciÃ³n, Colombia ya lo viviÃ³ con las mesas de negociaciÃ³n del Caguan. Un caso que vale la pena mencionar y que puede servir para entender el proceso de DDR que debe seguir Colombia es el caso de Angola. En este paÃ­s al igual que en Colombia los grupos armados se financiaban con los recursos naturales del paÃ­s, en ese caso los diamantes. Tan pronto como la OrganizaciÃ³n de las Naciones Unidas (ONU) se dio al trabajo de rastrear estos diamantes e ilegalizar la compra a nivel internacional, las fuentes de financiaciÃ³n del movimiento UNITA se cerrÃ³ y un grupo que era mucho mayor que los insurgentes colombianos negociÃ³ la paz con el gobierno, casos similares se presentaron en Sierra Leona y Sri Lanka. La financiaciÃ³n de los grupos insurgentes en Colombia es principalmente el narcotrÃ¡fico, la extorsiÃ³n y a menor escala la extracciÃ³n minera. El uso de testaferros es otra variable que vuelve complejo el panorama y hace difÃ­cil rastrear las fuentes de financiaciÃ³n. Los grandes consumidores a nivel mundial de narcÃ³ticos son Estados Unidos y Europa, y su polÃ­tica es de restricciÃ³n por lo que lo que la financiaciÃ³n debe ser abordada desde la polÃ­tica internacional y no solo interna. Una polÃ­tica agraria integral y con alternativas para los reinsertados, que sea sostenible econÃ³micamente debe plantearse en los actuales procesos de paz, de lo contrario los cultivos ilÃ­citos y la minerÃ­a ilegal seguirÃ¡n siendo las fuentes de financiaciÃ³n del conflicto, y otras formas de este emergerÃ¡n tarde que temprano.</p>
<p>En cuanto al inicio de un proceso de DDR, este debe tener un fuerte componente social, no solo por el beneficio que trae a la poblaciÃ³n y a los reinsertados, sino porque es un periodo donde las partes involucradas en el conflicto, con la desconfianza propia de estas, debe percibir el compromiso social y no una escalada armamentista que desencadenarÃ­a un conflicto nuevamente, esto fue lo que sucediÃ³ en el Salvador de los noventa cuando se descubriÃ³ que los insurgentes tenÃ­an caletas de armas, para ser usadas en caso de que no se cumplieran los acuerdos, y el proceso de paz se vio comprometido.</p>
<p>Â¿Y por quÃ© debe una situaciÃ³n de posconflicto ser especialmente sensible a las polÃ­ticas econÃ³micas de inclusiÃ³n social? Eso lo voy a responder con mi Ãºltimo punto que les quiero plantear. Y mi Ãºltimo punto es la mala noticia del posconflicto. La mala nueva es que mundialmente se da una trampa; eso quiere decir que cuando un paÃ­s ha vivido un conflicto, una recaÃ­da es muy probable, aun cuando ya se haya alcanzado la paz. Por consiguiente es importante tomar conciencia de la existencia de esta trampa del conflicto. Hay dos razones que explican su existencia: Lo primero es que infortunadamente, pero de manera muy realista, mucho de los participantes en la violencia no tienen interÃ©s alguno en la paz. Sus destrezas son destrezas violentas, y de hecho les va muy bien con la violencia. La segunda razÃ³n es un poco mÃ¡s sutil, y es que cuando se negocia la paz entre el gobierno y el grupo insurgente, ninguna de las partes, como es lÃ³gico suponer, confÃ­a en la otra. (Collier, paulâ€¦2003:138). El comienzo del posconflicto es entonces una etapa muy dÃ©bil que debe ser pensada para evitar las reincidencias, la desmovilizaciÃ³n paramilitar es muestra de ello, la atomizaciÃ³n de la delincuencia comÃºn en las ciudades despuÃ©s de la desmovilizaciÃ³n de estos es una muestra de un proceso mal estructurado.</p>
<p>Aunque Colombia ya tiene sus propios aprendizajes en procesos de desmovilizaciÃ³n, desarme y reinserciÃ³n, casos como el del Salvador merecen la pena ser mencionados para analizar caracterÃ­sticas que hicieron de este proceso uno exitoso, sin dejar de lado el hecho que el conflicto colombiano no es comparable a este. Lo primero que vale la pena destacar es que se dio un apoyo de todas las instituciones del paÃ­s al proceso y se creÃ³ un estamento encargado de administrar el proceso y hacer las sinergias necesarias entre otras unidades, esto llevÃ³ a que el proceso fuera bastante flexible y durante la negociaciÃ³n, con el Ã¡nimo de hacerla Ã¡gil, no se trataran temas especÃ­ficos del proceso. Aunque lo anterior puede ser un arma de doble filo, pues no se tienen las garantÃ­as claras, dio flexibilidad a nivel gubernamental para ir adaptÃ¡ndose a las necesidades. La prontitud en resolver el conflicto, que llevaba doce aÃ±os, y la clara comunicaciÃ³n evitÃ³ la politizaciÃ³n de este, legitimÃ¡ndolo ante la sociedad civil. Finalmente se creÃ³ un portafolio amplio de opciones econÃ³micas para reintegrar a los subversivos a la sociedad y hubo una activa participaciÃ³n del sector privado. Otras de las caracterÃ­sticas destacables del proceso es que las cabecillas continuaron con el mando de los subalternos y les pasaban la informaciÃ³n del proceso, por lo que la cadena de mando se mantuvo, asÃ­ mismo las garantÃ­as se dieron conforme al nivel de mando de cada persona lo que facilito los diÃ¡logos. No existen fÃ³rmulas Ãºnicas para los procesos de desmovilizaciÃ³n y desarme, y Colombia puede estar creando una propia, sin embargo ya denotamos algunas acciones no deseables: la politizaciÃ³n del proceso de paz, la poca comunicaciÃ³n a la sociedad, que deslegitima el proceso y la capacidad institucional colombiana que pone en tela de juicio lo que podrÃ­a suceder si eventualmente se firma la paz. De todos modos, queda claro que el compromiso es colectivo y se requiere apoyo del sector privado, pero buena parte de la responsabilidad administrativa recae sobre el Estado, lo que hace urgente pensar en su capacidad institucional. (GuaquetÃ¡, Alexandra. DesmovilizaciÃ³n y reinserciÃ³n en el Salvador.2005)</p>
<p>No todo es negativo, Colombia ha innovado en su forma de enfrentarse al conflicto, la ley de vÃ­ctimas es muestra de ello y es ejemplo en el mundo, el proceso de devoluciÃ³n de tierras aunque con obstÃ¡culos es una muestra de la voluntad polÃ­tica de resarcir a las vÃ­ctimas, y esto deberÃ­a ser una muestra a los insurgentes de que por lo que han luchado se estÃ¡ cumpliendo, aunque su lucha ya no sea esa. Queda mucho por hacer y las dÃ©biles instituciones colombianas deben prepararse para no colapsar en el proceso. La responsabilidad como se mencionÃ³ anteriormente es de todos y el Ãºltimo jugador, y no por ello menos importante, es el sector privado de nuestro paÃ­s, pues es Ã©l quien debe apoyar el reingreso al sector productivo de los insurgentes, ya que sin una perspectiva econÃ³mica estable no hay paz posible. La responsabilidad es mayor e imperativa para un sector que se ha desarrollado en medio de un conflicto y que incurre en gastos por culpa de este, desde el impuesto a la guerra hasta los atentados contra diversos activos de las compaÃ±Ã­as: AsÃ­ mismo, el 44% del total de empresas encuestadas seÃ±alÃ³ haber enfrentado problemas relacionados con el conflicto armado: incremento de gastos en seguridad (19,6%), pÃ©rdida de mercancÃ­as (19,6%), reducciÃ³n de las ventas (12,18%), pÃ©rdida de clientes (9,41%) y amenazas o atentados contra los empleados (11,9%). (Puentes, Angela et al. ReinserciÃ³n econÃ³mica y sector privado en Colombia.2009:10).</p>
<p>El compromiso que en las Ãºltimas dÃ©cadas han adquirido las empresas con el medioambiente debe estar en las propuestas econÃ³micas que el sector privado debe aportar para el proceso de reinserciÃ³n. TambiÃ©n como medio para resarcir aquello que destruyeron los actores armados. El sector privado en conjunto con el pÃºblico debe pensar maneras de participar del proceso de DDR y el empleo no puede ser el Ãºnico mecanismo. La financiaciÃ³n de proyectos, el apoyo a cooperativas y la formaciÃ³n deben ser analizados como mecanismos de reinserciÃ³n. El uso de los conocimientos de armas y de defensa no puede ser utilizada, ya que la legislaciÃ³n colombiana prohibiÃ³ a los excombatientes el porte de armas. Aun queda mucho por estructurar, procesos pasados como el de las AUC y el de los paramilitares demostraron que un proceso de desarme, desmovilizaciÃ³n y reinserciÃ³n mal planeado puede llevar a otros conflictos, que es lo que estamos viviendo en las ciudades.</p>
<p>Las instituciones como el Ministerio de Medio Ambiente, Parques Naturales de Colombia y organizaciones no gubernamentales, deben estar atentas en este proceso de paz, del cual no han sido partÃ­cipes, pero que de Ã©l depende el futuro de muchas zonas de reserva de nuestro paÃ­s y los procesos de recuperaciÃ³n de ecosistemas que han sido devastados por la minerÃ­a ilegal, los cultivos ilÃ­citos y la guerra. La aproximaciÃ³n debe ser asimilada de manera integral, como se ha venido haciendo desde Parques Naturales de Colombia, no con una visiÃ³n de exclusiÃ³n, sino con un proceso integral que entiende la dinÃ¡mica entre poblaciÃ³n, territorio y recursos.</p>
</div>
<p><!--more--></p>
<div style="text-align: justify;">Durante las Ãºltimas semanas hemos llevado a cabo un anÃ¡lisis de las diferentes variables que afectan la conservaciÃ³n de un territorio. Comenzamos con una descripciÃ³n general, luego vimos como esta se estructura a nivel global a travÃ©s de parques y otras figuras jurÃ­dicas. Pasamos luego a un anÃ¡lisis latinoamericano, hasta llegar al caso particular de Colombia.Las aproximaciones a la conservaciÃ³n en nuestro paÃ­s, al igual que el anÃ¡lisis organizacional, se realizÃ³ a travÃ©s de la mirada de los grupos de interÃ©s en el tema (lamentablemente todavÃ­a incluye a grupos especÃ­ficos y no a la sociedad en general). La estrategia perseguida por la Unidad de Parques Naturales de Colombia se ha alejado de la mirada aislacionista que se tiene en el mundo desarrollado, pero que estÃ¡ lejos de la realidad de la mayorÃ­a de los paÃ­ses latinoamericanos. En nuestros parques naturales tenemos una guerra que se desarrolla hace cincuenta aÃ±os, hay grupos indÃ­genas que luchan por mantener su legado cultural sin ser abandonados en el proceso modernizador del Estado y conviven comunidades afrodescendientes en medio de condiciones de pobreza extrema, que solo pueden subsistir de la explotaciÃ³n de los recursos naturales. El ejercicio de ver desde los ojos de cada uno de estos grupos los retos que tiene la conservaciÃ³n en nuestro paÃ­s evidencia la complejidad del tema. El conflicto y posconflicto como Ãºltima etapa del anÃ¡lisis es la coyuntura actual de nuestro paÃ­s y es la oportunidad para integrar al debate un tema que ha sido excluido y que se toma como algo que corresponde a unos pocos y la responsabilidad social empresarial.</p>
</div>
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			</item>
		<item>
		<title>La territorialidad del conflicto</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/la-territorialidad-del-conflicto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 21:22:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[GestiÃƒÂ³n y territorio]]></category>
		<category><![CDATA[Gestion]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Regiones]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Durante todos los artÃ­culos se ha mencionado el conflicto como una variable decisiva en la polÃ­tica de conservaciÃ³n del paÃ­s, afectando no solo a la Unidad de Parques Naturales de Colombia, sino a las comunidades, sector privado y otros grupos de interÃ©s, como las ONG.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La conservaciÃ³n no ha sido ajena a este proceso que en Colombia involucra de forma muy cercana el territorio, pues fue por la tierra que comenzÃ³ dicho conflicto.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-192"></span><br />
La mejor forma de conservaciÃ³n, como se ha argumentado en los artÃ­culos anteriores, es aquella que se desarrolla desde lo local, y que entiende a la comunidad como miembro inherente del proceso para generar lÃ³gicas de conservaciÃ³n que incluyen territorio, comunidad y recursos naturales. El conflicto colombiano ha afectado tanto a las comunidades, como a sus recursos naturales y los territorios, por lo que la conservaciÃ³n y las Ã¡reas destinadas a estas (Cualquiera que sea la modalidad jurÃ­dica que se use) dependen para su buena gestiÃ³n de los efectos que el conflicto pueda tener sobre cada variable.</p>
<p>El actual proceso de paz nos enfrenta, como paÃ­s, a la perpetuaciÃ³n del conflicto o al comienzo de su terminaciÃ³n. Entender la territorialidad del conflicto es fundamental para generar iniciativas y polÃ­ticas de conservaciÃ³n con miras al desarrollo social de aquellas comunidades que mÃ¡s han sufrido sus consecuencias. El Congo ha logrado, de manera mÃ¡s o menos exitosa, desarrollar polÃ­ticas de conservaciÃ³n durante los periodos mÃ¡s Ã¡lgidos del conflicto interno de esta naciÃ³n:</p>
<p>Los conflictos de 1996 y 1998 exacerbaron y aumentaron la destrucciÃ³n de los ecosistemas, y condujeron a la explotaciÃ³n ilegal y al sistemÃ¡tico saqueo de recursos, tanto en tierra (cafÃ©, madera, marfil, etc.) como de recursos subterrÃ¡neos (coltÃ¡n, oro, diamantes). Las armas proliferaron y los guardas y gerentes del ICCN fueron asesinados por bandas de maleantes. Para salvar los sitios de Patrimonio Mundial amenazados, el ICCN propuso al <a href="http://whc.unesco.org/nwhc/pages/home/pages/homepage.htm">Centro del Patrimonio Mundial</a> la realizaciÃ³n de un proyecto encaminado a prestar apoyo a la gestiÃ³n de la biodiversidad en tiempos de conflicto. Este proyecto, de cuatro aÃ±os de duraciÃ³n, cuenta con un presupuesto global de 4.180.957 dÃ³lares, de los cuales 2.902.024 fueron contribuidos por la FundaciÃ³n de las Naciones Unidas (FNU). (Baliruhya, Eulalie. ConservaciÃ³n en tiempos de conflicto. Revista nuestro planeta.2002)</p>
<p>Colombia, al igual que el Congo, ha logrado continuar el proceso de conservaciÃ³n, con los obstÃ¡culos que supone, para aquellos que se encargan de cuidar de cada regiÃ³n, proteger los recursos naturales en medio de combates y con las necesidades apremiantes de comunidades enteras que se sirven de los recursos a la mano para sobrevivir. Sin embargo tener en papel una de las legislaciones mÃ¡s avanzadas en conservaciÃ³n no garantiza la sostenibilidad de estas Ã¡reas, mÃ¡s cuando no hay presencia del Estado en estas zonas y son los frentes guerrilleros quienes tiene el control, con la consecuencia de disponer los recursos naturales de las regiones bajo las cuales reinan.</p>
<p>Cuando nos referimos a la territorialidad del conflicto nos referimos directamente al desarrollo del conflicto colombiano desde lo local, es decir a una guerra de guerrillas que luchan por mantener el control sobre regiones limitadas. Existe amplia bibliografÃ­a acerca del comienzo del conflicto colombiano, la defensa de la propiedad campesina fue uno de esos ideales antaÃ±o defendidos por estos grupos que en su momento podÃ­an denominarse insurgentes. Ahora la tierra y el conflicto tienen una relaciÃ³n Ã­ntima frente a la economÃ­a del narcotrÃ¡fico, que a su paso va dejando comunidades empobrecidas que son explotadas como mano de obra y ecosistemas perdidos, utilizados para la siembra de coca o la extracciÃ³n de coltÃ¡n, sin mencionar los enfrentamientos entre guerrilla y fuerzas armadas. Sin embargo hablar de la guerra o conflicto interno de Colombia nos enfrenta al estatus que tiene este, pues el postconflicto se enmarcarÃ¡ en la denominaciÃ³n que se le ha dado a la problemÃ¡tica actual. Uno de los grandes retos, si se llega a generar un acuerdo, es la del trato de las vÃ­ctimas dado que los gobiernos han sido reticentes a denominar el conflicto colombiano como tal, por las implicaciones y la legitimidad que se le puede dar a los â€œterroristasâ€ como se les ha denominado en la Ãºltima dÃ©cada. SegÃºn el Tratado De Roma, la definiciÃ³n se aplica a los conflictos armados que tienen lugar en el territorio de un Estado cuando existe un conflicto armado prolongado entre las autoridades gubernamentales y grupos armados organizados o entre tales grupos (Tratado de roma, pÃ¡rrafo 2). La importancia de la denominaciÃ³n, en palabras de Juan JosÃ© Ferro en su artÃ­culo â€œExistencia de un conflicto armado, Â¿quiÃ©n decide?, radica en que la naturaleza del conflicto determinarÃ¡ el rÃ©gimen jurÃ­dico aplicable a los actos cometidos. El hecho de no denominar a la problemÃ¡tica colombiana como conflicto armado interno evitarÃ¡ que muchas vÃ­ctimas sean resarcidas, y para el caso particular, el daÃ±o irreversible a ecosistemas serÃ¡ una de las vÃ­ctimas que seguramente quedarÃ¡ excluida.</p>
<p>Pasando de la definiciÃ³n a la verdadera problemÃ¡tica en Colombia, el conflicto armado de guerrillas ha encontrado en lo territorial, entendido como los pueblos y municipios, un fundamento para expandir su modelo econÃ³mico y de violencia. El problema inicial de tierras y gamonales, que encontrÃ³ en las diferencias partidistas de los aÃ±os 50 una excusa para atomizar la violencia, con el objetivo de exigir reivindicaciones de equidad, que luego incluyÃ³ el modelo de narcotrÃ¡fico, generÃ³ el verdadero conflicto colombiano que es una mezcla de conflictos locales adaptados a las realidades de cada regiÃ³n en Colombia. AsÃ­ lo menciona Fabio VelÃ¡squez Carrillo el compendio de ensayos â€œTerritorio, conflicto y gestiÃ³n pÃºblica en Colombia: Una mirada desde lo localâ€ donde afirma que el accionar del conflicto desde lo local ha adoptado tres modelos: el control polÃ­tico electoral, control sobre la gestiÃ³n municipal y control territorial. Estos territorios se convirtieron en las zonas rojas: La zona roja representa el enclave violento revestido de naturaleza, ausente del pleno mandato de los partidos tradicionales, expuesto a la agitaciÃ³n y a la protesta social, propicio para el accionar de las guerrillas..(Dimas, Serna AdriÃ¡n. Conflicto y regiÃ³n en Colombia.2009:19)</p>
<p>Un conflicto que es diferente en cada municipio y que en Cuba difÃ­cilmente estÃ¡ representando los intereses de los grupos armados de cada regiÃ³n, enfrenta significativos impases en cÃ³mo las victimas van a ser resarcidas. Entre ellas las zonas de conservaciÃ³n que hasta el dÃ­a de hoy hacen de campo de batalla y de vÃ­ctima, de no darles la relevancia que merecen seguirÃ¡n empobreciÃ©ndose y junto a ellas las comunidades que las habitan. El desarrollo local y el papel de los alcaldes y gobernadores serÃ¡ el diferenciador para saber si la pobreza y la explotaciÃ³n se quedan o se superan en un proceso de paz que dista mucho de dar soluciones a todas las problemÃ¡ticas sociales de Colombia.</p>
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		<title>Escenarios naturales del conflicto armado en Colombia</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/escenarios-naturales-del-conflicto-armado-en-colombia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 21:17:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Turismo]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto Social]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<category><![CDATA[turismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Poco se ha discutido en el paÃ­s del papel preponderante de los parques naturales en el conflicto armado, que suma ya mÃ¡s de 50 aÃ±os. Ha habido disertaciones e investigaciones, desde el modo de operaciÃ³n de los grupos guerrilleros hasta las tÃ©cnicas utilizadas para neutralizar a sus enemigos, pasando por mÃ©todos de tortura.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span id="more-190"></span></p>
<p style="text-align: justify;">TambiÃ©n se han generado mapas de zonas rojas, es decir zonas donde se desarrollan las hostilidades de los actores armados, pero los parques y como estos afectan el conflicto estÃ¡n fuera de la discusiÃ³n. Las Ã¡reas de conservaciÃ³n y de manera especial los parques naturales, a pesar de no ser aÃ±adidos como una variable importante dentro del conflicto siempre han estado presentes a travÃ©s de hechos importantes, es asÃ­ que muchos de los secuestrados, entre ellos Ingrid Betancourt, vivieron su secuestro en el parque nacional CaÃ±o Cristales. En la Sierra Nevada de Santa Marta estuvieron secuestrados por el ELN, mÃ¡s de cien dÃ­as, ocho extranjeros que hacÃ­an turismo: â€œLa Sierra Nevada saltÃ³ a la fama, no por la maravilla arqueolÃ³gica que representa que un paÃ­s conserve una Ciudad Perdida anclada en la mitad de la selva, sino porque ocho extranjeros estuvieron 101 dÃ­as secuestrados por el ELN cuando intentaron conocerlaâ€ (Revista semana. Los parques de las balas a la paz. 21 de Septiembre de 2013). Lo mismo sucede con territorios indÃ­genas que fueron disputados por paramilitares y guerrilla, y fueron declarados por la Unesco como reservas de la biosfera.</p>
<p>Lo anterior demuestra que gran parte los escenarios del conflicto en Colombia son zonas de reserva de interÃ©s general para la naciÃ³n. SegÃºn la sentencia C 587 de 2002, ley aprobatoria del tratado de Ginebra, se consideran a las parques naturales como bienes que deben estar al margen del conflicto y por tanto deben considerarse dentro de este para el caso colombiano, cualquier negociaciÃ³n referente al conflicto debe incluir a los parques y zonas de conservaciÃ³n. La consideraciÃ³n trasciende a los argumentos ecologistas, pues se verÃ­an los parques como entidades estÃ¡ticas, y serÃ­a un error. Ya hemos mencionados en otros artÃ­culos como los territorios de conservaciÃ³n son entidades dinÃ¡micas que interactÃºan con las comunidades, los gobiernos y demÃ¡s entidades locales. Un conflicto como el nuestro y la complejidad que comprende demanda respuestas del mismo nivel, de lo contrario la reincidencia serÃ­a una debilidad manifiesta.</p>
<p>SegÃºn la Unidad de Parques Naturales de Colombia, en los parques hay aproximadamente 37700 indÃ­genas, 47400 campesinos y 4800 afrodescendientes, sin contar el nÃºmero de guerrilleros que habitan o transitan por los diferentes territorios, es asÃ­ que los parques son parte de la problemÃ¡tica social del conflicto armado, al interior de ellos se desarrolla extracciÃ³n ilegal de coltÃ¡n, existen cultivos ilÃ­citos y se encuentran las bases militares de diferentes grupos guerrilleros. La firma de un proceso de paz solo dejarÃ­a a un lado las bases militares de las FARC, el problema social continuarÃ­a. Se necesita una respuesta integral para un conflicto que no solo ha acabado con poblaciones enteras, sino que ha destruido ecosistemas afectando la sostenibilidad alimentaria de las familias que viven dentro de las reservas, y que tan pronto exista algÃºn acuerdo continuarÃ¡n en el abandono bajo el cual han vivido, para este caso el remedio podrÃ­a ser mÃ¡s peligroso que la enfermedad. De hecho el conflicto ha aislado regiones completas que se han mantenido fuera de los alcances del crecimiento agropecuario, protegiendo especies endÃ©micas: Al contrario de lo que muchos puedan creer, Colombia es respetada en el mundo por ser uno de los paÃ­ses que mÃ¡s ha preservado la naturaleza. Pero mÃ¡s sorprendente aÃºn es que esa buena noticia se da porque el conflicto se ha encargado de mantener a raya a ciertos depredadores. â€œAunque suene cÃ­nicoâ€, explica Frederic MassÃ©, profesor de la Universidad Externado, â€œla guerra ha permitido que muchos ecosistemas permanezcan intactosâ€. (Revista Semana. Septiembre).</p>
<p>Finalmente es necesario discutir el papel que puede tener la perspectiva de la conservaciÃ³n al interior del complejo panorama social colombiano. En Colombia existe una contradicciÃ³n entre la jurisprudencia respecto a la conservaciÃ³n, que aun tiene una visiÃ³n ecologista y de aislamiento, mientras los objetivos de unidades como la Parques Naturales de Colombia buscan la sostenibilidad y el apoyo a las comunidades. Esa contradicciÃ³n puede desatar problemas tan graves como los del conflicto. Ya sucediÃ³ algo parecido en el Parque nacional KatÃ­os donde una poblaciÃ³n indÃ­gena fue desplazada para convertir el territorio en parque natural, sin tener todas las garantÃ­as y vulnerÃ¡ndole su derecho ancestral a las tierras (Andrade, German. El fin de la frontera. 2009). Ahora poblaciones del ChocÃ³ son renuentes a desplazarse con el mismo fin, y todo porque la legislaciÃ³n colombiana ve la conservaciÃ³n como regiones aisladas. La problemÃ¡tica de continuar con esta visiÃ³n no solo son las comunidades locales afectadas. Percibir regiones especÃ­ficas como sitios exclusivos de conservaciÃ³n a cargo de entidades especializadas envÃ­a un mensaje a la sociedad de que lo demÃ¡s puede ser acaparado y explotado, alejÃ¡ndose cada vez mÃ¡s de la verdadera definiciÃ³n de la conservaciÃ³n como un convenio social donde viven humanos y naturaleza.</p>
<p>Una soluciÃ³n en un documento es sino el comienzo de un proceso de paz, los afectados demandarÃ¡n justicia y la retribuciÃ³n por las consecuencias vividas, pero al igual que los muertos que no podrÃ¡ devolver el proceso de paz, eco-regiones completas ya han sido devastadas por la guerra y los cultivos ilÃ­citos y ya no hacen parte de la riqueza natural del paÃ­s. Aquellas que por suerte se han mantenido deben ser protegidas de lo contrario el abandono y la necesidad podrÃ­an en manos de depredadores oportunistas.</p>
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		<title>La propiedad colectiva y el mito de la riqueza</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/la-propiedad-colectiva-y-el-mito-de-la-riqueza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 21:14:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto Social]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una de las formas de organizaciÃ³n territorial mÃ¡s innovadora, inspirada en la organizaciÃ³n colonial espaÃ±ola de resguardos indÃ­genas, y que reconociÃ³ la constituciÃ³n de 1991, es la de propiedad colectiva de las comunidades.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">Desde hace varios aÃ±os el Estado ha entregado a las comunidades negras e indÃ­genas mÃ¡s de cinco millones de hectÃ¡reas (Propiedad colectiva en Colombia. Incoder 2008) bajo el modelo de propiedad colectiva. Para poder ser acreedores de los tÃ­tulos se tienen en cuenta variables histÃ³ricas, sociales, econÃ³micas y ambientales. Si se cumple con los requerimientos la comunidad establece un consejo que es el encargado de administrar y velar por el territorio.</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">El Ã©xito del modelo, entendido como la mejora en las condiciones socioeconÃ³micas de las poblaciones, deja mucho que desear. Los Ãºltimos gobiernos han mostrado con cierta satisfacciÃ³n el alcance de este modelo, por la cantidad de tierras entregadas a los concejos. La realidad ha demostrado que lo que estÃ¡ generando la entrega de propiedades colectivas es el abandono del Estado y la captura de los concejos por parte de intereses privados, muchas veces en detrimento de las comunidades:</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">Colombia es un paÃ­s con permanentes procesos de despojo de tierras y territorios a campesinos, indÃ­genas y afro descendientes, que han marcado su historia, y que explican en parte la precaria democratizaciÃ³n de la tenencia de la tierra, que es un lastre nacional que llega al siglo XXI. AsÃ­ sigue estando vigente la frase escrita por un intelectual liberal colombiano en el siglo XIX, Manuel Murillo Toro, en la que seÃ±alaba que: â€œes la constituciÃ³n de la propiedad la que determina el carÃ¡cter polÃ­tico de la naciÃ³nâ€, es decir, su identidad como sociedad. (Ferro, Juan Guillermo. TobÃ³n, Gabriel. AutonomÃ­as territoriales. 2012. 43)</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">Las presiones que afronta la propiedad colectiva, exigen un conjunto de polÃ­ticas consistentes. La primera amenaza, que ya genera consecuencias negativas sobre las comunidades, es el abandono histÃ³rico del Estado hacia las minorÃ­as especialmente indÃ­genas y comunidades afro. Sus territorios estÃ¡n siendo depredados por la propiedad privada, es asÃ­ que el territorio que abarcaba Palenque segÃºn tÃ­tulos coloniales era de 260 mil hectÃ¡reas y los tÃ­tulos de propiedad colectiva entregados por el gobierno en el 2008 son de 2000 hectÃ¡reas (Vargas, NicolÃ¡s. ProtecciÃ³n territorial y ambiental palenquera.2012. 18). Las presiones poblacionales son otra de las amenazas de estos territorios. Una de las variables para otorgar los tÃ­tulos es la poblaciÃ³n del territorio, sin embargo hay territorios que a pesar de los bajos niveles de la poblaciÃ³n pertenecen por herencia histÃ³rica a sus comunidades. AsÃ­ mismo las condiciones de pobreza extrema, la falta de infraestructura y la presencia de grupos al margen de la ley, que estÃ¡n enlistando a los niÃ±os, hacen que familias enteras abandonen los territorios generando esto que grupos armados o grandes terratenientes se adueÃ±en de los territorios. </span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">La mayorÃ­a de las comunidades con tradiciones arraigadas de producciÃ³n artesanal utilizaban la mano de obra de las familias, el modelo ha debido cambiar ya que los hijos van a estudiar y luego se van a las grandes ciudades a buscar mejores oportunidades, porque la tierra ya no da para vivir bien, y es insostenible para las familias pagar jornales. Gran parte de su producciÃ³n era posible gracias a los prÃ©stamos de la Caja Agraria. Sin embargo, despuÃ©s de la reforma agraria que tuvo lugar durante la dÃ©cada del setenta los prÃ©stamos empezaron a ser mÃ¡s difÃ­ciles. (Ferro, Juan Guillermoâ€¦2012) Lo anterior confirma que sin polÃ­ticas consecuentes la asignaciÃ³n de tierras no genera bienestar para las comunidades.</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">Las condiciones de pobreza generan problemas sociales, la drogadicciÃ³n, y la inseguridad se vuelven comunes en los territorios y el desespero por la subsistencia vuelve a las comunidades y especialmente a sus concejos objetivos vulnerables. Es asÃ­ que las comunidades indÃ­genas WayÃºs han accedido a subarrendar su territorio a multinacionales mineras donde hay una retribuciÃ³n econÃ³mica pero al largo plazo la comunidad solo le quedarÃ¡ un territorio estÃ©ril. En el ChocÃ³ los concejos estÃ¡n vendiendo las maderas de sus bosques para poder sostener a la comunidad y en palenque los concejos han accedido a que se construyan hoteles en sus territorios. El comÃºn denominador es que las comunidades no estÃ¡n involucradas y solo se estÃ¡n explotando sus recursos, todo bajo el argumento de que estÃ¡n mejor que antes. Un territorio sin proyectos productivos es igual a un territorio baldÃ­o, otorgar tierras no puede ser el objetivo, de lo contrario la concentraciÃ³n de la tierra en tÃ©rminos reales continuarÃ¡ estando en manos de unos pocos. De hecho en el pacÃ­fico adueÃ±arse de la tierra y pagar la indemnizaciÃ³n es mÃ¡s econÃ³mico que buscar otras tierras por lo que los gamonales pagan con comida o ropa a las comunidades (Cartilla de etnoterritorios. ProtecciÃ³n ambiental palenquera. 2008. 12)</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">Ahora el reto es aÃºn mayor, no solo se reclaman tierras, sino que hay una explotaciÃ³n indebida de estas, junto con problemas sociales al interior de los territorios, que van llegando bajo la figura de desplazamiento a las ciudades capitales. Los escenarios del conflicto suelen ser los territorios de estas comunidades, que bajo el argumento de subsistencia dan sus tierras al mejor postor. No bastan los tÃ­tulos de propiedad colectiva, estos no dan bienestar social, la tenencia de tierras en comunidades pobres no es sinÃ³nimo de riqueza, mientras no existan polÃ­ticas de desarrollo productivo al interior de estas tierras la situaciÃ³n no va a cambiar y lo que mÃ¡s debe preocuparnos es que esta polÃ­ticas no existen todavÃ­a. Â¿Se deberÃ­a afirmar con orgullo que cada vez mÃ¡s comunidades tienen propiedad sobre la tierra?</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
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		<title>Comunidades IndÃ­genas y  Eco-gobernabilidad</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/comunidades-indigenas-y-eco-gobernabilidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 21:08:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Turismo]]></category>
		<category><![CDATA[comunidad local]]></category>
		<category><![CDATA[indÃƒÂ­gena]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<category><![CDATA[turismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las comunidades indÃ­genas en la lucha por defender sus derechos y mantener su patrimonio cultural han hecho del discurso medio ambiental un fortÃ­n polÃ­tico que le ha abierto espacios a nivel global.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"></div>
<p><span id="more-186"></span></p>
<div style="text-align: justify;">La conciencia global por el medioambiente es una tendencia mundial de los aÃ±os 70 que impregnÃ³ sectores sociales y que en consecuencia permeÃ³ a toda la sociedad, abriendo debates polÃ­ticos y acadÃ©micos. En ese mismo momento, la defensa y dignificaciÃ³n de los grupos indÃ­genas en toda AmÃ©rica tomaba especial relevancia y buscaba abrir espacios de reconocimiento y de inserciÃ³n en las polÃ­ticas socioeconÃ³micas del paÃ­s.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Fue la atomizaciÃ³n de entidades no gubernamentales, dedicadas a la protecciÃ³n del medioambiente y la biodiversidad a lo largo de todo el globo, la que adoptando dinÃ¡micas econÃ³micas y de producciÃ³n de diferentes grupos indÃ­genas, presentÃ³ ante sectores polÃ­ticos y sociales a las comunidades indÃ­genas como los nativos ecolÃ³gicos, por las concepciones opuestas entre la relaciÃ³n del individuo y la naturaleza con el sistema occidental hasta la Ã©poca adoptado (Ulloa, 2008). Este personaje puede salvar al mundo del actual modelo de consumismo insostenible. Fue a partir de este momento que las comunidades indÃ­genas de todo el continente encontraron un espacio para ser escuchadas y defender sus identidades.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">La concepciÃ³n antropolÃ³gica de cultura y territorio, inseparables en muchas de las</div>
<div style="text-align: justify;">comunidades, fue entonces la excusa para convertirse en los ejemplos globales de sostenibilidad. Occidente ha visto desde entonces a las comunidades indÃ­genas, especialmente a las amerindias, con una visiÃ³n romÃ¡ntica de volver a lo primitivo donde el individuo no interviene sobre el territorio sino que hace parte de Ã©l. La construcciÃ³n del indÃ­gena como sinÃ³nimo de ecologista es entonces un conjunto de discursos globales sobre conservaciÃ³n (por parte de polÃ­ticos, activistas, sectores sociales y opiniÃ³n pÃºblica) e identidad que incluye el territorio, pero que abarca muchas otras variables que los indÃ­genas han insertado poco a poco en los espacios de discusiÃ³n que les abriÃ³ su poder de conocimiento.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Las luchas indÃ­genas en torno a lo ambiental se han manifestado en acciones ligadas al fortalecimiento, protecciÃ³n y respeto a la identidad cultural la cual se basa en la relaciÃ³n cultura/territorio. (Ulloa, Astrid. 2008:12) Dicha lucha aunque loable continÃºa estigmatizada y es vista desde una perspectiva errÃ³nea que solo da espacios limitados para temas de ambiente y no para defender sus intereses y derechos: Diferentes organizaciones indÃ­genas han empezado a confrontar las representaciones occidentales de nativo ecolÃ³gico una imagen que aunque estratÃ©gica en espacios internacionales ha permitido el desplazamiento de lo polÃ­tico por intervenciones de manejo ambiental (Brosius 1999).</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Al igual que los gobiernos, las comunidades indÃ­genas del mundo estÃ¡n comenzando a cooperar entre ellas para llegar a consensos y enfrentar las presiones e intereses de algunos gobiernos y privados de limitar sus espacios a temas de conservaciÃ³n o turismo Ã©tnico. Cada vez se conforman mÃ¡s redes que dan respaldo a las posiciones de las minorÃ­as indÃ­genas en los diferentes paÃ­ses para convertirse en lÃ­deres de opiniÃ³n para que sus ideas sean consideradas como modelos innovadores en medio de un capitalismo que se muestra cada vez mÃ¡s vulnerable. Ejemplo de estas redes son la red de nativos norteamericanos Tribalink que contacta comunidades indÃ­genas de diversos paÃ­ses para denunciar las problemÃ¡ticas ambientales de sus territorios, o la red de ancianos y sacerdotes indÃ­genas que se reÃºne periÃ³dicamente para compartir los conocimientos medicinales de las plantas de sus respectivos territorios.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">A pesar de la errada perspectiva occidental de las comunidades indÃ­genas como el regreso a la sostenibilidad primitiva, las comunidades han logrado desarrollar programas productivos relacionados con la conservaciÃ³n y la preservaciÃ³n del conocimiento que han mejorado sus condiciones socioeconÃ³micas, muestra ello son las estadÃ­sticas del Fondo para el Medioambiente Mundial (FAMM) cuya finalidad es la financiaciÃ³n de proyectos relacionados con el medioambiente, ya sea conservaciÃ³n, preservaciÃ³n y sostenibilidad, donde las comunidades indÃ­genas ha sido uno de los grupos de interÃ©s principales y que han demandado mÃ¡s recursos para diversos proyectos en sus territorios.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Lo anterior demuestra que las comunidades indÃ­genas con los recursos apropiados y el apoyo de los paÃ­ses a los que pertenecen pueden ser grandes proveedores de proyectos y contribuir de forma innovadora a los problemas que se atribuyen al capitalismo consumista actual. Sin embargo las comunidades siguen siendo marginadas y considerados un bando mÃ¡s en el conflicto que aqueja a nuestro paÃ­s. ContinÃºan las denuncias de vulneraciÃ³n de los derechos humanos, abandono del Estado y desplazamiento, mientras las comunidades no puedan cubrir sus necesidades bÃ¡sicas, asÃ­ su identidad cultural dependa del territorio, estarÃ¡n cooptadas por los intereses de quienes puedan alivianar estas situaciones.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">La respuesta no es pues cambiar al modelo y regresar a una Ã©poca primitiva indÃ­gena donde la calidad de vida estaba sujeta a limitaciones del entorno y el conocimiento para mejorar las condiciones sociales era limitado. La conservaciÃ³n es una labor de construcciÃ³n social donde diferentes perspectivas, incluidas las de las comunidades indÃ­genas deben ser tenidas en cuenta.</div>
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