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	<title>Santa Marta archivos - ANeIA | Universidad de los Andes - AGRONEGOCIOS E INDUSTRIA DE ALIMENTOS</title>
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	<description>AGRONEGOCIOS E INDUSTRIA DE ALIMENTOS</description>
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		<title>Relato de un pescador</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 May 2018 18:24:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[pesca]]></category>
		<category><![CDATA[pesca sostenible]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Marta]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Imponer la prohibiciÃ³n de la pesca artesanal sin un plan de contingencia efectivo, ha llevado a que esta actividad se practique de manera ilegal sin control adecuado, ademÃ¡s de fomentar la participaciÃ³n en otras actividades ilÃ­citas</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Son las seis de la maÃ±ana. El resplandor del sol se asoma sobre los cerros que sostienen las espigas de madera de las cabaÃ±as, lentamente calentando el riego salado del mar acariciado por la brisa. JuliÃ¡n abre el cofre de su abuelo y encuentra los yoyos de pesca para liar sobre el Tan Tan, el bastimento que lo ha acompaÃ±ado en largas odiseas pesqueras. Al igual que el pescador, ambos presentan arrugas en sus facetas, jactando los aÃ±os que han vivido. Listo para embarcar JuliÃ¡n recuerda las Ã©pocas donde su fiel barcaza no era necesaria.</p>
<p style="text-align: justify;">Hijo de cazador, de niÃ±o logrÃ³ aprender que la caza no era la principal fuente de alimento, pues con tanta abundancia de peces no valÃ­a la pena comer la dura carne del <em>Ã±eque</em>. Con su machete en mano, mojaba sus piernas hasta la rodilla y comenzaba a bolear brazo. Tras una serie repetida de machetazos, el joven pescador lograba apaciguar mÃ¡s de 50 ejemplares, un manjar de <em>bonitos. </em>La comida no faltaba. Unas pocas horas de pesca al dÃ­a lograban llenar las barrigas de los padres, hijos, abuelos e incluso los vecinos de la bahÃ­a.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante esos dÃ­as no eran necesarios los motores en las chalupas. Con remo en mano se lanzaban las lÃ­neas de anzuelos y los <em>trasmallos. </em>La abundancia era tan cuantiosa que las redes se convertÃ­an en globos inflados con pescado, conteniendo mero, cherna, pargo, bonito, marlÃ­n, dorado y sardinas de gran libraje. Sin embargo, todo tesoro trae consigo su maldiciÃ³n.</p>
<p style="text-align: justify;">Con copioso botÃ­n, los navÃ­os piratas <em>tagangueros </em>invadieron la bahÃ­a de Cinto junto a sus costas adyacentes. Poco a poco los invasores fueron arrasando con la pesca. A diferencia de los locales, sus barcazas eran impulsadas con poderosas hÃ©lices de hierro y utilizaban la dinamita como su principal aliado. El estruendo generado sacaba a flote tanto a habitantes colosales como a los pequeÃ±os alevinos. Al igual que la noche despoja el calor del dÃ­a, los usurpadores saquearon la vida de la bahÃ­a, dejando a los oriundos sin trabajo, sin comida y sin futuro. Solo quedÃ³ un mar de silencio, el cual fue vigilado por varias series de lunas llenas.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Imagen-23-e1525785793936.png"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-5230 alignnone" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Imagen-23-e1525785793936.png" alt="Imagen 2" width="500" height="316" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Con carnadas y anzuelos abordo, JuliÃ¡n enciende el motor del Tan Tan y piensa â€œes hora de agregarle aceite. Mejor que humee a que se queme.â€ Lentamente emprende rumbo hacia la <em>Madre Vieja</em>, lugar preferido del caimÃ¡n aguja y las babillas por la abundancia de juveniles y el agua dulce. Aquel lugar serÃ¡ el punto de encuentro con el grupo de extranjeros que llevarÃ¡ a realizar una sesiÃ³n de pesca deportiva. Unos minutos mÃ¡s tarde, el viejo ancla su bote sobre la arenosa costa y comienza a escudriÃ±ar el bosque de manglar esperando que emerjan las figuras antrÃ³picas. Con paciencia aguardaba, Ã©sta no serÃ­a su primera vez. AÃ±os atrÃ¡s, JuliÃ¡n llevÃ³ acabo esta labor repetidas veces, sin embargo, Ã©stas eran de diferente naturaleza.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante la octava y novena dÃ©cada del vigÃ©simo siglo, Colombia se encontrÃ³ ahogado en un ocÃ©ano de narcotrÃ¡fico. El parque Tayrona no fue ninguna excepciÃ³n. La marihuana florecÃ­a como hierba silvestre en las orillas de los cuerpos de agua dulce y acobijaba las montaÃ±as con extensos mantos de cultivos. Los costales rellenos de cogollos se amontonaban sobre la cÃ¡lida arena para ser transportados de inmediato. Los bultos de sobra eran ocultados sobre los rocosos acantilados de la bahÃ­a, donde no existÃ­a el acceso a pie ni a nado. Ni el mismo PoseidÃ³n podrÃ­a nadar sobre las tormentosas aguas que protegÃ­an el botÃ­n de droga de manera incondicional.</p>
<p style="text-align: justify;">La nociva industria de la droga afligiÃ³ a una gran parte del paÃ­s de manera devastadora. Sin embargo, en algunas zonas apartadas, su presencia funcionÃ³ como un salvavidas para los habitantes del mar y de la orilla. Tal como la bonanza de la pesca aÃ±os atrÃ¡s, la opulencia de la marihuana alimentaba los engranajes econÃ³micos de la bahÃ­a, permitiendo llenar los bolsillos de los habitantes. Sin necesidad alguna de pescar, los mares fueron recuperando su vida poco a poco, donde esta profesiÃ³n era tan solo una mascara para lo que realmente ocurrÃ­a. AdemÃ¡s, la violencia y la guerra se quedaron junto al oro en polvo: la cocaÃ­na. A pesar de que prometiÃ³ su llegada en mÃºltiples ocasiones, esta nunca logrÃ³ manchar la zona con dÃ³lares lavados y charcos de sangre.</p>
<p style="text-align: justify;">La mata bendita continuÃ³ siendo transportada hasta el inicio del milenio, donde un terrateniente de Antioquia llegÃ³ a la presidencia. Ãlvaro Uribe VÃ©lez le declarÃ³ la guerra a las guerrillas de Colombia y la comercializaciÃ³n de drogas, su principal generador de valor. Tras la llegada del Plan Convivencia, los hombres armados que enjutaban sus fines erradicaron a los vÃ¡ndalos junto sus matorrales venenosos y, con ello, a los habitantes de la bahÃ­a no les quedÃ³ mÃ¡s opciÃ³n sino regresar a la pesca, pero esta vez bien armados. Los dineros manchados permitieron la compra de varios accesorios como redes mÃ¡s fuertes, pequeÃ±os aparatos capaces de detectar los bancos de peces, e incluso el motor que impulsa al Tan Tan hoy en dÃ­a.</p>
<p style="text-align: justify;"> <a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Imagen-32-e1525785765476.png"><img decoding="async" class="size-full wp-image-5229 alignnone" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Imagen-32-e1525785765476.png" alt="Imagen 3" width="500" height="376" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Desde la maleza avistamos a JuliÃ¡n esperando sigilosamente. Nos acercamos y el viejo pescador nos recibe con una gran sonrisa o la falta de Ã©sta, debido a las grandes cavidades por la ausencia de algunos dientes. Le entregamos una botella de Ron, la cual es parte de la propina prometida por su labor altruista ademÃ¡s de alegrar la jornada a seguir. Iniciamos rumbo hacia mar abierto en busca de bancos de atÃºn o dorado, trofeos dignos de alardeo. En el camino, mientras engullimos el alcohol rÃ¡pidamente, charlamos entre nosotros alegremente. JuliÃ¡n nos cuenta sobre sus Ã©pocas de juventud, donde la bonanza marina era incomparable. Luego nos comenta un poco sobre la Ã©poca del narcotrÃ¡fico, la cual le ayudÃ³ a invertir en su Ãºtil navÃ­o. Tras unas anÃ©cdotas memorables y historias novedosas, el pescador nos relata cÃ³mo la llegada del Estado ha ayudado a impulsar el turismo, su principal fuente de ingreso en el momento.</p>
<p style="text-align: justify;">Me agarro fuertemente del borde del Tan Tan ya que estoy un poco mareado por el meceo de las olas, pero principalmente por la gran cantidad de ron en mi estÃ³mago. Con el yoyo en mi otra mano espero pacientemente a sentir el jalonazo de mi tercera captura, esperemos que esta vez sea un dorado. De manera optimista, balbuceo que el turismo ha sido la soluciÃ³n para la zona. La prohibiciÃ³n de la pesca ha ayudado a l retorno inminente de la naturaleza, ademÃ¡s de las ayudas del gobierno para asistir a los habitantes. Incluso, estaba confiado de que los visitantes eran la soluciÃ³n, puesto que estos se encargaban de llenar los bolsillos de los locales. Todos estamos contentos, se protege la naturaleza y la gente tiene de quÃ© vivir.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras mi afirmaciÃ³n, JuliÃ¡n me mira de manera tajante, como si estuviese juzgÃ¡ndome por mi ingenuidad. Al igual que la superficie del mar, donde se puede ver el horizonte de manera transparente pero se desconoce que hay bajo su lecho, la historia del Tayrona no es lo que parece. La percepciÃ³n del turista es tan solo la portada de un libro, sobre el cual en sus hojas relatan una historia totalmente diferente.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras retornamos a la orilla tras nuestra entretenida jornada, el pescador nos cuenta como las vacunas cobradas por bandas criminales son recurrentes en toda la zona e incluso en Santa Marta. AdemÃ¡s, el turismo solo dura unas pocas semanas al aÃ±o, lo cual los deja sin ingresos libres de mugre el resto del aÃ±o. Sin embargo, el gobierno espera que no se practique la pesca artesanal, ya que se encuentra prohibida desde que se declarÃ³ como Ã¡rea protegida. Debido al constante monitoreo diurno de la guardia costera, los habitantes de la zona dicen no pescar, ademÃ¡s de que los lideres pesqueros imploran no llevar acabo esta actividad como consecuencia directa de los sueldos gubernamentales que reciben solo ellos. Sin embargo, no es inusual ver varÃ­as luces de navÃ­os decorando la noche sobre el agua o incluso encontrar filamentos de mallas en la orilla.</p>
<p style="text-align: justify;">Poco a poco, mi ira pasional dirigida hacia aquellas personas que no respetan las reglas de la conservaciÃ³n ambiental va disipÃ¡ndose. Por primera vez, logro distinguir la situaciÃ³n de estos individuos y de manera acertada me repito a mÃ­ mismo: â€œsi no tuviera que comer, probablemente yo harÃ­a lo mismoâ€.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Nota del autor:</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Con la historia anterior busco desarrollar una nociÃ³n de evaluaciÃ³n en el lector. Mi propÃ³sito principal es demostrar cÃ³mo la coyuntura de una naciÃ³n afecta de diferentes maneras a poblaciones vulnerables, y crea impactos indeseados. En este caso, vemos cÃ³mo (revisa cÃ³mo utilizas el cÃ³mo, porque en forma de pregunta como Ã©sta lleva tilde y no las puesto en ninguna parte cuando toca) a pesar de la indudable mejorÃ­a en la situaciÃ³n del paÃ­s, aÃºn existe un abuso a este tipo de poblaciones. Como consecuencia, muchas de las iniciativas para la conservaciÃ³n medioambiental se ven comprometidas y no necesariamente por codicia. Muchos de los infractores llevan a cabo estas actividades ilÃ­citas debido a la falta de oportunidades y la falta de educaciÃ³n que prevalece en zonas como el parque Tayrona, ademÃ¡s de la inminente presencia de diferentes bandas criminales.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, reitero la necesidad de contemplar la relaciÃ³n entre la conservaciÃ³n medioambiental y los impactos socioeconÃ³micos que generan. En conclusiÃ³n, implementar este tipo de medidas debe hacerse meticulosamente, de lo contrario los efectos nocivos podrÃ¡n sobrepasar los beneficios.</p>
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