Del oro a la arracacha
En Cajamarca, Colombia, la comunidad se enfrentó al megaproyecto de oro La Colosa, de la multinacional AngloGold Ashanti, que amenazaba sus fuentes de agua y su economía agrícola. En una movilización social sin precedentes, los ciudadanos organizaron una histórica consulta popular en 2017, donde un rotundo «NO» a la minería (con más del 97% de los votos) frenó legalmente el proyecto. Hoy, Cajamarca se ha convertido en un símbolo mundial de resistencia que, tras su victoria, ha fortalecido su modelo de desarrollo basado en la agricultura sostenible y el ecoturismo, demostrando que para ellos el agua vale más que el oro.
Cajamarca como despensa de colombia
El municipio de Cajamarca, ubicado en el departamento del Tolima, es reconocido como la despensa agrícola de Colombia por su extensa producción agropecuaria y por las condiciones naturales que favorecen la siembra: un clima templado, suelos fértiles, ríos abundantes y una topografía ideal para diversos cultivos. Entre ellos, destaca la arracacha una raíz tuberosa que ha acompañado la alimentación de los colombianos durante generaciones, aunque muchas veces no se le ha dado el reconocimiento que merece. Cajamarca es actualmente el mayor productor nacional de arracacha, no solo por factores agroecológicos, sino también por las dinámicas sociales y económicas que han fortalecido este cultivo a lo largo de los años. La arracacha ha sido parte esencial de la economía rural y un símbolo de identidad campesina, transmitiendo su conocimiento y manejo de generación en generación.
La importancia de los actores:
En la actualidad, existen diversas asociaciones de productores, pero una de las más representativas es ASABIO(Asociación Agropecuaria Bioorgánica de Cajamarca). Esta organización, con ayuda de empresas como Crepes & Waffles, ha transformado la manera en que se produce, procesa y comercializa la arracacha, convirtiéndola en un producto con valor agregado y reconocimiento nacional e internacional. ASABIO se consolidó como un actor clave en la transformación del cultivo, al pasar de vender la raíz cruda a ofrecer un producto procesado, limpio y empacado, listo para la industria alimentaria. Para alcanzar este nivel, la asociación tuvo que superar diversos retos técnicos y organizativos. Entre ellos, garantizar estándares superiores de calidad y presentación del producto, ya que anteriormente no se contaba con estos procesos. Por ejemplo, Crepes & Waffles exigía recibir la arracacha lavada, troceada y empacada, lo cual implicó implementar nuevas prácticas de selección, lavado y empaque en la asociación

Foto: ASABIO. Recuperado de Camara de comercio Ibagué
Resultados de la generación de valor:
En la actualidad, la arracacha de Cajamarca, gracias a la generación de valor agregado, ha logrado cumplir con los estándares exigidos por cadenas de restaurantes y supermercados. Además, se exporta a Europa durante la temporada de invierno, cuando su demanda aumenta. Un ejemplo del crecimiento alcanzado es su relación comercial con Crepes & Waffles: hace diez años la asociación entregaba 60 kilos semanales, mientras que hoy suministra entre 4 y 6 toneladas por semana. Gracias a este proceso de fortalecimiento, hoy
la actividad no se limita únicamente a la cosecha: la arracacha también es lavada, pelada, troceada y empacada localmente.
Estas labores, que en muchos casos son realizadas artesanalmente por mujeres de la comunidad, evidencian el importante componente social del proyecto. Esta estrategia de valor agregado ha generado empleo local, estabilidad económica y reconocimiento para Cajamarca, además de inspirar nuevos emprendimientos, como “ArracaChips”, un snack elaborado a base de arracacha por uno de los hijos de un miembro de ASABIO. Este proceso evidencia que la organización comunitaria, la adopción de nuevas prácticas y el trabajo articulado con el sector empresarial permiten potenciar un cultivo tradicional y convertirlo en un modelo de desarrollo rural sostenible.
Visita de Campo:
Durante nuestra visita a Cajamarca, constatamos cómo las comunidades han reemplazado la promesa del oro por la realidad de la arracacha. En conversación con campesinos y fundadores de la asociación ASABIO, pudimos entender la economía de este tubérculo, cuyo ciclo de cultivo dura diez meses. Una sola hectárea puede producir unas tres toneladas de arracacha, lo que, a un precio de entre 3,000 y 5,000 COP por kilo, se traduce en un ingreso bruto que ronda los 9 millones de pesos. Sin embargo, a esta cifra hay que restarle costos significativos, como el mantenimiento del cultivo. Solo en labores de deshierbe, que se realizan unas tres veces al año, un agricultor puede invertir cerca de 3 millones de pesos. Esto deja una utilidad bruta aproximada de 6 millones de pesos por hectárea al año, equivalente a unos 500,000 COP mensuales para una familia. Es crucial notar que este cálculo simplificado no incluye costos de siembra, transporte ni la volatilidad de precios en el mercado, factores que impactan directamente la rentabilidad final del campesino.
Pese a estos desafíos, la arracacha se ha consolidado como un cultivo rentable y ha transformado la dinámica económica de la región. El éxito de su producción ha atraído a nuevos actores comerciales que buscan incluirla en sus cadenas de valor, generando una demanda constante y creciente. Este fenómeno ha creado un ecosistema de apoyo mutuo que garantiza a los agricultores que su trabajo será valorado y su producto comprado. Más que un simple cultivo, la arracacha se ha convertido en un pilar para la organización territorial y un modelo de sostenimiento que la comunidad defiende con orgullo.