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	<title>Territorio archivos - ANeIA | Universidad de los Andes - AGRONEGOCIOS E INDUSTRIA DE ALIMENTOS</title>
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	<description>AGRONEGOCIOS E INDUSTRIA DE ALIMENTOS</description>
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	<title>Territorio archivos - ANeIA | Universidad de los Andes - AGRONEGOCIOS E INDUSTRIA DE ALIMENTOS</title>
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		<title>Paulownia: Una nueva oportunidad para nuestra sociedad.</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/paulownia-una-nueva-oportunidad-para-nuestra-sociedad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Mar 2017 20:24:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Agricultura y Desarrollo Rural]]></category>
		<category><![CDATA[Campesinos]]></category>
		<category><![CDATA[sostenibilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
		<category><![CDATA[Tierras]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La tala de Ã¡rboles es una preocupaciÃ³n cada vez mÃ¡s grande en la sociedad puesto que las plantas son las encargadas de proveer uno de los recursos mÃ¡s importantes para la vida como lo es el oxÃ­geno.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Esta problemÃ¡tica incrementa cada dÃ­a debido a la transformaciÃ³n de las sociedades, ya que a diario se talan millones de Ã¡rboles para obtener recursos como la madera o para hacer uso del terreno que estos ocupan para diferentes fines.  Por este motivo existen paÃ­ses como Estados Unidos, Chile y MÃ©xico estÃ¡n empezando a combatir esta problemÃ¡tica mediante programas que promuevan la siembra de un Ã¡rbol llamado Paulownia, tambiÃ©n conocido como Kiri.</p>
<p style="text-align: justify;">La razÃ³n por la cual dichos paÃ­ses estÃ¡n estableciendo campaÃ±as para promover la siembra de esta especie recae en los beneficios ambientales que dicho Ã¡rbol trae. En primera medida, este Ã¡rbol tiene la capacidad de absorber el doble del diÃ³xido de carbono que un Ã¡rbol normal. AdemÃ¡s su tiempo de reproducciÃ³n es un tercio del tiempo que toma un Ã¡rbol normal en reproducirse. Sin embargo, esta especie puede convertirse en una especie invasora. En el 2011 â€œla universidad de La Salle logrÃ³ desarrollar una tecnologÃ­a que permite &#8216;colombianizar&#8217; la paulownia, conocida tambiÃ©n en JapÃ³n como &#8216;kiri&#8217;, para que crezca en cualquier regiÃ³n del paÃ­s como si fuera nativa y no se vuelva invasora.â€ (El tiempo, 2011) Pese a los avances y los beneficios ambientales que esta especie puede traer a la humanidad, el gobierno Colombiano no ha realizado programas o campaÃ±as para incentivar la siembra masiva de esta. La razÃ³n fundamental es que el gobierno estÃ¡ destinando sus esfuerzos para aumentar los productos agrÃ­colas de exportaciÃ³n (El tiempo, 2017) y para mejorar las tÃ©cnicas y los recursos que tienen los productores (Portafolio, 2016)</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Captura-de-pantalla-2017-03-07-a-las-10.06.10-a.m.-e1488899982294.png"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-4790 alignnone" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Captura-de-pantalla-2017-03-07-a-las-10.06.10-a.m.-e1488899982294.png" alt="Captura de pantalla 2017-03-07 a las 10.06.10 a.m." width="500" height="378" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Debido a la importancia que representa el sector agropecuario para la economÃ­a del paÃ­s por el alto nÃºmero de personas que dependen de este sector, es necesario observar los beneficios econÃ³micos que esta especie puede brindar. En primer lugar, este Ã¡rbol se destaca por hacer un buen uso de los recursos disponibles, consumiendo en menor medida  recursos como el agua. AdemÃ¡s su madera suele ser de alta calidad  para la elaboraciÃ³n de productos de carpinterÃ­a o de papel, teniendo la ventaja de producirse de manera rÃ¡pida en un lapso de nueve aÃ±os a diferencia de un Ã¡rbol normal que puede tomar hasta 40 aÃ±os. De igual forma, su vida Ãºtil es extensa y al ser talada, la Paulownia se regenera por sÃ­ misma. Por otro lado sus hojas suelen ser proveedoras de grandes nutrientes para el suelo y son alimento para ganado. Por estos motivos esta especie de Ã¡rbol es considerada como una oportunidad agropecuaria que ofrece una alta rentabilidad ofreciendo un valor aproximado de mil euros anuales por hectÃ¡rea (Revista m&amp;m). Su fÃ¡cil manejo y capacidad de adaptarse a cualquier clima hacen de esta especie una soluciÃ³n a una problemÃ¡tica social y ambiental sin dejar de lado los beneficios econÃ³micos.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Captura-de-pantalla-2017-03-07-a-las-10.06.33-a.m.-e1488900006853.png"><img decoding="async" class="size-full wp-image-4791 alignnone" src="https://aneia.pixelpro.website/wp-content/uploads/2023/06/Captura-de-pantalla-2017-03-07-a-las-10.06.33-a.m.-e1488900006853.png" alt="Captura de pantalla 2017-03-07 a las 10.06.33 a.m." width="500" height="375" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Considerando estos aspectos es determinante que el Gobierno empiece a establecer estrategias para incentivar la producciÃ³n de la Paulownia, pensando principalmente en los beneficios ambientales que se van a generar. Para lograr esto se debe educar a los diferentes agropecuarios para demostrarles los beneficios econÃ³micos y ambientales que la siembra de esta especie puede traer. Por este motivo el gobierno no solo debe destinar sus esfuerzos en la expansiÃ³n del sector agropecuario con el fin de brindar beneficios econÃ³micos al paÃ­s sino que debe buscar soluciones que sean sostenibles en el tiempo y que puedan tener efectos similares o mejores.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h3 style="text-align: justify;"><strong>BibliografÃ­a</strong></h3>
<p style="text-align: justify;">Portafolio. (14 de 4 de 2016). Incentivos para crÃ©ditos del plan Colombia Siembra. <em>Portafolio</em> .</p>
<p style="text-align: justify;">El Tiempo. (4 de 2 de 2017). Colombia tiene 26 productos agrÃ­colas con potencial exportador. <em>El Tiempo</em> .</p>
<p style="text-align: justify;">El Nuevo Siglo. (8 de 1 de 2017). Kiri, un Ã¡rbol increÃ­ble. <em>El Nuevo Siglo</em> .</p>
<p style="text-align: justify;">El Tiempo. (18 de 6 de 2011). Logran que el &#8216;rey&#8217; de los Ã¡rboles crezca en Colombia. <em>El tiempo</em> .</p>
<p style="text-align: justify;">Revista M&amp;M. (s.f.). <em>Paulownia: Valioso GÃ©nero que Conquista el Mercado.</em> Recuperado el 6 de 2 de 2017, de Revista M&amp;M: <a href="http://www.revista-mm.com/ediciones/rev59/paulownia.pdf" target="_blank" rel="noopener">http://www.revista-mm.com/ediciones/rev59/paulownia.pdf</a></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Los riesgos ambientales de la Paz</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/los-riesgos-ambientales-de-la-paz/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Dec 2016 00:45:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Agricultura y Desarrollo Rural]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Proceso de Paz]]></category>
		<category><![CDATA[sostenibilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Tecnologia]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El miÃ©rcoles 09 de noviembre se llevÃ³ a cabo el DÃ­a Paiz, una jornada que decretÃ³ la Universidad para que los profesores y alumnos participaran en varios espacios de discusiÃ³n, reflexiÃ³n y convivencia sobre el tema de la paz, teniendo en cuenta la conyuntura polÃ­tica actual del paÃ­s.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Entre los foros que participÃ©, me pareciÃ³ interesante el planteamiento de una mesa redonda entablada por los profesores de la Faculta de AdministraciÃ³n GermÃ¡n Andrade, tambiÃ©n investigador del Instituto Humboldt, junto con su colega Manuel RodrÃ­guez, quien fue el primer Ministro de Ambiente del paÃ­s. La discusiÃ³n entre el pÃºblico y los profesores se centrÃ³ en la protecciÃ³n y la restauraciÃ³n del medio ambiente despuÃ©s de los daÃ±os de la guerra y dentro del marco de la construcciÃ³n de paz.</p>
<p style="text-align: justify;">Dentro de lo discutido, los profesores plantearon que no se puede decir que la guerra ha traÃ­do conservaciÃ³n o que ha traÃ­do destrucciÃ³n, pues son planteamientos simplistas, ya que ha habido un evidente reordenamiento del paÃ­s y del territorio de una manera compleja por este fenÃ³meno. Por ejemplo, existen Ã¡reas de algunos parques naturales, como la Macarena o Tinigua, que estÃ¡n minados o simplemente ocupados autoritariamente, lo cual ha frenado la ocupaciÃ³n civil de estos territorios. Sin embargo, a la vez, las FARC y otros actores armados han colonizado por medio de las armas varios recursos naturales, como el RÃ­o Guayabero en el Meta o Catatumbo en el Putumayo, y han contaminado a travÃ©s del vertimiento de petrÃ³leo en sus aguas, despuÃ©s de atentados en contra de algunas multinacionales de hidrocarburos. Igualmente, esto sucede con el balance entre la deforestaciÃ³n que realizan las guerrillas para sus cultivos ilÃ­citos, frente al aislamiento de los mercados legÃ­timos que no han podido permear la mayor parte del territorio colombiano y transformar los ecosistemas. Entonces, es muy difÃ­cil discernir si la guerra es cÃ³mplice de la destrucciÃ³n del medio ambiente o lo contrario, mÃ¡s aÃºn al tener en cuenta que, a pesar de cargar con mÃ¡s de 50 aÃ±os de guerra, Colombia es un paÃ­s que se destaca a nivel latinoamericano en el desempeÃ±o ambiental, segÃºn Ã­ndices del EPI<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">En este sentido los Acuerdos de Paz podrÃ­an ser una caja de pandora que pueden poner en riesgo la ecologÃ­a del paÃ­s, pues la activaciÃ³n econÃ³mica de los sectores que suponen potencializarse al firmar los Acuerdos pueden venir acompaÃ±ados de un alto riesgo de deforestaciÃ³n. Como evidencia, GermÃ¡n Andrade trajo a colaciÃ³n el caso del departamento de San MartÃ­n en PerÃº, despuÃ©s de la derrota que sufriÃ³ la guerrilla Sendero Luminoso hacia finales del siglo pasado. Luego de haber vivido por varios aÃ±os la guerra, San MartÃ­n tuvo un auge econÃ³mico donde pudieron integrarse muchos mercados que antes no eran viables en la zona. A partir de este momento, San MartÃ­n ha presentado las mayores tasas de deforestaciÃ³n de este paÃ­s y â€˜la mano invisibleâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> ha acabado con ecosistemas amazÃ³nicos que son fundamentales para los ciclos biolÃ³gicos de la Tierra. Ahora bien, esto puede suceder en una gran parte del territorio colombiano si no se crea toda una institucionalidad sÃ³lida que acompaÃ±e a los Acuerdos de la Habana, ausente en la literatura que han presentado las partes hasta ahora.</p>
<p style="text-align: justify;">En efecto, por ahora no hay ninguna propuesta de reordenamiento institucional para que la Paz traiga los beneficios o dividendos ambientales, que ademÃ¡s han sido parte de la promesa de los Ministerios. Lo que estÃ¡ en juego hoy en las Ã¡reas del conflicto son 15 millones de hectÃ¡reas representadas por mosaicos de selvas deforestadas, producto de las economÃ­as de la guerra como el cultivo de la coca. Esto es lo que constituye la frontera agrÃ­cola que plantea el Gobierno para el futuro desarrollo rural; asÃ­ pues nace un dilema en los usos del territorio sin un control estatal, pues el bienestar econÃ³mico de la poblaciÃ³n sin una institucionalidad que cuide los ecosistemas puede liberar consecuencias ambientalmente desastrosas.</p>
<p style="text-align: justify;">La conclusiÃ³n que plantea entonces el profesor Andrade es que, si bien Colombia cuenta con 17 millones de hectÃ¡reas protegidas que no pueden ser tocadas por sectores productivos, el fracaso de Colombia en su polÃ­tica de uso sostenible de la tierra no puede extenderse en el post-acuerdo. En cambio, es inminente que existan cambios estructurales que incluyan la biodiversidad de los bosques colombianos en las cadenas productivas que se pretenden desarrollar y no se dejen a la suerte de las fuerzas econÃ³micas del momento. Desafortunadamente, por ahora, en las economÃ­as campesinas que se pretenden consolidar para el post-acuerdo, no hay elementos de ordenamiento o de planificaciÃ³n que le garanticen al paÃ­s que como mÃ­nimo la biodiversidad que existe hoy en dÃ­a permanecerÃ¡ o mejorarÃ¡. SegÃºn Andrade, existen actualmente proyectos que pueden ser un buen ejemplo para el desenlace agrÃ­cola, como acuerdos campesinos de cooperativismo en la vertiente oriental de la SerranÃ­a de San Lucas, en el Medio Magdalena, que pretenden hacer toda una gestiÃ³n social responsable y sostenible en torno a los bosques de su territorio. Asimismo, existen otros incentivos de entidades privadas, que nacen a travÃ©s de programas de mercadeo con causa o otras figuras de valor compartido, como BanCO2 de Bancolombia, que permite a cualquier ciudadano donar dinero a una bolsa virtual que se reparte entre campesinos que son subsidiados para cuidar el medio ambiente y de este modo, garantizarles un buen vivir sin tener que recurrir a costos de oportunidad que los lleve a sacrificar ecosistemas. No obstante, estos programas son transitorios, no son sostenibles en el largo plazo y no pueden controlar un territorio tan complejo y diverso como el de Colombia.</p>
<p style="text-align: justify;">En fin, en medio del siglo XXI, con contingencias ambientales tan palpables, los Acuerdos son ciegos frente al medio ambiente, pues les hace falta reconocer el valor ecolÃ³gico del territorio colombiano, dividido en las denominadas â€œtierrasâ€ que sÃ³lo tienen en cuenta su productividad y la economÃ­a. En este sentido, se estÃ¡ olvidando que estas tierras cuentan con complejos sistemas naturales que son caracterizados por paisajes, rÃ­os, quebradas, bosques o vegetaciÃ³n, y que son un beneficio potencial para la humanidad. Es cuestiÃ³n de una mejor gestiÃ³n del conocimiento, instituciones ambientales sÃ³lidas, menos intereses econÃ³micos y mayor voluntad polÃ­tica.</p>
<p style="text-align: justify;">
<h3 style="text-align: justify;"><strong>BibliografÃ­a</strong></h3>
<p style="text-align: justify;">Mesa Redonda â€œSÃ­ Paz: SÃ­ Medio Ambienteâ€. DÃ­a Paiz. Mediada por Manuel RodrÃ­guez y GermÃ¡n Andrade.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> El Environmental Performance Index (EPI) es un Ã­ndice desarrollado por la Universidad de Yale que mide el desempeÃ±o de los paÃ­ses en cuanto a los asuntos ambientales de alta prioridad y estÃ¡ basado principalmente en dos Ã¡reas: protecciÃ³n de la salud humana y protecciÃ³n de los ecosistemas</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Las NOportunidades: VÃ­as terciarias</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/las-noportunidades-vias-terciarias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Oct 2016 04:36:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Campesinos]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
		<category><![CDATA[Tierras]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://aneia.pixelpro.website/las-noportunidades-vias-terciarias/</guid>

					<description><![CDATA[<p>Luego de 6 aÃ±os de negociaciones, donde nunca hubo plazos perentorios ahora hay un afÃ¡n por acabar el proceso de paz con las Farc.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Como dice el refrÃ¡n â€œvÃ­steme despacio que estoy de afÃ¡nâ€. No digamos que el campo perdiÃ³ porque el Acuerdo se demorarÃ¡ un poco mÃ¡s. Lo mejor es proponer los correctivos. Una realidad es que en las zonas cocaleras donde las FARC tienen una presencia fuerte arrasÃ³ el â€œsÃ­â€ en el plebiscito. Estas zonas coinciden con lugares donde medios como La Silla VacÃ­a comprobaron que las FARC han presionado en varias ocasiones para tener ciertos resultados electorales. Lo cierto es que los cultivos se han ido aumentado debido a la ausencia del Estado. Corregir esto debe ir mÃ¡s allÃ¡ de sustituir cultivos y lo que debe ocurrir es que haya unas condiciones donde el Estado llegue para quedarse y no que los campesinos sean presionados por uno u otro actor armado. Esto ya se hizo en regiones como Montes de MarÃ­a o Sumapaz los cuales son casos de Ã©xito que prueban que el Estado puede ganar con inversiÃ³n. Lo primero debe ser crear la infraestructura para conectar estos lugares con el resto del paÃ­s y asÃ­ reducir los costos de transporte. Para esto, se deben evitar peajes excesivos y financiarlo directamente con regalÃ­as.</p>
<p style="text-align: justify;">Las dichas regiones fueron azotadas por los grupos armados ilegales. En el caso de Montes de MarÃ­a esto fue causado por los paramilitares que controlaron la regiÃ³n. Luego de su desmovilizaciÃ³n y para evitar la entrada de nuevos grupos, el Estado creÃ³ alternativas para los campesinos y hoy  dÃ­a hay empresas con grandes latifundios y cooperativas campesinas en esta que producen tabaco y otros productos.  Ya que lo que se hizo fue crear las condiciones para volver competitivo este lugar, esto serÃ¡ posible en otros sitios similares.</p>
<p style="text-align: justify;">Proponer este correctivo de un plan de vÃ­as terciarias en los acuerdos con las Farc es necesario para quitarles el control de ciertas zonas. Para las elecciones de segunda vuelta presidencial, se confirmÃ³ que las Farc presionaron en varias zonas de NariÃ±o para votar por Juan Manuel Santos. Curiosamente, en estas mismas zonas (El Rosario, Providencia y Samaniego en NariÃ±o) los resultados de segunda vuelta y de los votos por el â€œsÃ­â€, fueron idÃ©nticos. Esto se repite en lugares con alta presencia de cultivos ilÃ­citos como TibÃº o en el Putumayo. Con los cultivos ilÃ­citos en alza, lo mÃ¡s probable es que haya presiÃ³n futura por parte de algÃºn grupo armado para las elecciones. Es por eso que un plan de vÃ­as harÃ¡ que el Estado recupere el control de estas zonas para garantizar procesos electorales limpios y sin presiÃ³n de ningÃºn grupo armado ilegal.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo planteado en el Acuerdo deja mucho que desear en este sentido. En primer lugar, las Farc afirman que ellos tienen una relaciÃ³n lejana con la producciÃ³n de droga en Colombia, cosa falsa asÃ­. En segundo lugar, los acuerdos en sus pÃ¡ginas 89 Y 90 hablan de un proceso de sustituciÃ³n donde se deben crear â€œcondiciones de bienestarâ€ pero no se especifica el proceso para esto.  Si se remite uno a la parte rural del Acuerdo, aunque se habla a fondo de elementos como el Fondo de Tierras, sÃ³lo se enumera la infraestructura como elemento importante en el campo en la pÃ¡gina 10 en el punto de integralidad.</p>
<p style="text-align: justify;">SÃ³lo a manera de anÃ©cdota, en El Salvador cuando el gobierno construyÃ³ una autopista por la mitad de la selva, el FMLN perdiÃ³ su retaguardia estratÃ©gica, contribuyendo a su derrota final. Siendo la infraestructura uno de los problemas histÃ³ricos del agro colombiano, sorprende que  una guerrilla que se ha empeÃ±ado en destruirla, no profundice en su modernizaciÃ³n. Para que el Acuerdo de verdad sea integral, propongo que se creen unos planes viales parecidos a los 4G donde se plantee conectar lugares como el Putumayo, TibÃº, zonas del NariÃ±o y del ChocÃ³ a las principales vÃ­as de comunicaciÃ³n nacional. Incluso se podrÃ­a plantear que de la fortuna de 33 billones de pesos de las FARC, se financie una parte. De esta manera, el Estado mejorarÃ¡ la competitividad de estas regiones, habrÃ¡ empleo y ademÃ¡s crearÃ¡ lo bÃ¡sico para poder llevar otros elementos tales como servicios pÃºblicos a estas zonas.</p>
<p style="text-align: justify;">Este plan de vÃ­as terciarias traerÃ¡ muchas ventajas a estas regiones. Las 4G cuestan mÃ¡s de 112 billones de pesos o casi 15% del PIB, por lo cual un plan de vÃ­as terciarias aportarÃ­a un monto del PIB en regiones apartadas de los centros urbanos. De igual manera, serÃ­a una oportunidad de corregir los problemas estructurales del campo como lo es la conectividad con los centros urbanos. SÃ³lo para poner un ejemplo, si se arreglaran las vÃ­as terciarias entre Yopal y Sogamoso ademÃ¡s de mejorar esta vÃ­a, la vÃ­a BogotÃ¡-Villavicencio se descongestionarÃ­a significativamente y ademÃ¡s los productores de Arauca, Vichada y Casanare tendrÃ­an otras opciones para enviar sus productos a BogotÃ¡ vÃ­a BoyacÃ¡. Los ahorros en costos se verÃ­an reflejados en los precios de los alimentos y el empleo en estos lugares aumentarÃ­a significativamente durante la construcciÃ³n de las mismas.</p>
<p style="text-align: justify;">Es importante que la financiaciÃ³n sea realista. Si se ponen demasiados peajes como en algunas vÃ­as de Colombia, se encarecerÃ¡n los productos. Por lo tanto, el gobierno puede destinar una parte de las regalÃ­as para esto. Ya que hace poco se pasÃ³ una ley poniÃ©ndole altos impuestos a las bebidas alcohÃ³licas, lo mejor serÃ­a destinar estos recursos a mejoras de las vÃ­as terciarias. Es asÃ­ que aunque haya un aumento del costo de bebidas como el aguardiente, las mejoras en su transporte podrÃ­an compensar el alza de precios. Otra opciÃ³n serÃ­a destinar ciertos montos (i.e. 3% del presupuesto departamental) para la mejora de las dichas vÃ­as. Lo cierto es que estas son poco rentables para los consorcios, por lo cual no es seguro que haya APPs, pero es necesario que el Estado busque los recursos para darle un empujÃ³n a los productores locales, recupere el control de las zonas cocaleras y ayude a que la sustituciÃ³n de cultivos tenga alternativas viables mÃ¡s allÃ¡ de un precio alto de la cocaÃ­na.</p>
<p style="text-align: justify;">Para concluir, esta oportunidad de corregir una de las fallas estructurales del agro no se puede desperdiciar. No se puede afirmar como dicen varios que el agro perdiÃ³ en el plebiscito. Al contrario, si se logra superar este atraso vial, habrÃ¡ valido la pena la espera. Construir carreteras es una forma de presencia estatal y de quitarle el control de territorios a los violentos. Es por esto que aunque unas APP son poco factibles, usar fuentes de financiaciÃ³n tradicionales y ponerle un orden al gasto estatal serÃ¡n efectivos para efectuar estos cambios.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Adicional a esto se plantean algunos correctivos para ayudar a destrabar el Acuerdo</strong></p>
<ol>
<li style="text-align: justify;">El Lunes 10 de Octubre, mÃ¡s de 400 empresarios enviaron una carta al gobierno donde dicen estar a la orden para destrabar los mismos Â¿Por quÃ© no amnistiar rÃ¡pidamente a la denominada guerrillerada de las Farc (5700 integrantes aproximadamente, sÃ³lo culpables de rebeliÃ³n) y que estos empresarios les den trabajo en su empresa? No serÃ­an grupos muy grandes (en promedio 15 por empresa) y se les darÃ­a una opciÃ³n de trabajo digno a estas personas. Estoy seguro de que pueden ayudar en cosas como hacer caminos por plantaciones o de guardabosques</li>
<li style="text-align: justify;">Uno de los problemas de esta soluciÃ³n es la vivienda de los mismos. En vista de la gran afluencia de personas que fueron a las marchas de Octubre 5 de 2016 para motivar al gobierno a seguir buscando un acuerdoÂ¿Por quÃ© estas personas no se proponen como voluntarios para darles un albergue en sus hogares</li>
<li style="text-align: justify;">Con el fin de ubicar a estas personas en el mercado laboral el Ministerio de Trabajo podrÃ­a tratar de coordinar programas especÃ­ficos para que el proceso sea lo mÃ¡s pronto posible y asÃ­ ahorrarle costos al Estado sobre la manutenciÃ³n de la dicha guerrillerada en el post acuerdo.</li>
<li>Con estas pequeÃ±as propuestas se busca dar algunas soluciones muy simples (15 personas nuevas para empresas grandes no es tanto) y si al menos una de estas es tenida en cuenta, habrÃ¡ valido la pena.
<p style="text-align: justify;"><strong>Es bueno saber: Â¿Por quÃ© estÃ¡ mal usar frases como â€œmillones y millonasâ€, â€œtodos y todasâ€?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Muchas de las lenguas romances usan el plural masculino para incluir a varios gÃ©neros y asÃ­ hacer uso de la economÃ­a lingÃ¼Ã­stica. Tal caso es el del espaÃ±ol â€œnos fuimos de paseoâ€, el occitÃ¡n â€œ<em>totes los passatgiers son tristes</em>â€ (todos los pasajeros son tristes) o el francÃ©s â€œils sont Ã©tudiantsâ€ (ellos son estudiantes).  Ya que el masculino es el gÃ©nero no marcado es correcto usarlo y asÃ­ ahorrarse frases como â€œlos trabajadores y las trabajadorasâ€,  ya que se puede caer en errores como â€œlos libros y librasâ€, etc. Esto se trae a colaciÃ³n ya que el Acuerdo tiende a caer en esto error en muchos lugares (i.e. â€œcomunidad-hombre y mujer-â€œ, â€œlÃ­deres y lideresasâ€), por lo cual se recomienda corregir la redacciÃ³n para tener economÃ­a del lenguaje.</p>
</li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>BibliografÃ­a:</strong></h3>
<p>El Espectador. 17 de Noviembre de 2015. La paz pendiente de los Montes de MarÃ­a. Recurso en lÃ­nea. Recuperado en <a href="http://www.elespectador.com/noticias/actualidad/vice/paz-pendiente-de-los-montes-de-maria-articulo-599897" target="_blank" rel="noopener">http://www.elespectador.com/noticias/actualidad/vice/paz-pendiente-de-los-montes-de-maria-articulo-599897</a></p>
<p>La Silla VacÃ­a. Las 80 tundas de Santos a Zuluaga. Recurso en lÃ­nea. Recuperado en <a href="http://lasillavacia.com/historia/historia-municipios-atipicos-47997" target="_blank" rel="noopener">http://lasillavacia.com/historia/historia-municipios-atipicos-47997</a></p>
<p>RegistradurÃ­a Nacional del Estado Civil. Resultados del plebiscito. Recurso en lÃ­nea. Consultado en <a href="http://plebiscito.registraduria.gov.co/99PL/DPL23115ZZZZZZZZZZZZ_L1.html" target="_blank" rel="noopener">http://plebiscito.registraduria.gov.co/99PL/DPL23115ZZZZZZZZZZZZ_L1.html</a></p>
<p>Acuerdo entre el gobierno colombiano y las Farc. Recurso en lÃ­nea. Consultado en <a href="https://www.mesadeconversaciones.com.co/sites/default/files/24_08_2016acuerdofinalfinalfinal-1472094587.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.mesadeconversaciones.com.co/sites/default/files/24_08_2016acuerdofinalfinalfinal-1472094587.pdf</a></p>
<p>El Espectador. 4 de Octubre de 2016. <em>Licores, las nuevas regalÃ­as</em>. Recurso en lÃ­nea. Recuperado en <a href="http://www.elespectador.com/noticias/economia/licores-nuevas-regalias-articulo-658552" target="_blank" rel="noopener">http://www.elespectador.com/noticias/economia/licores-nuevas-regalias-articulo-658552</a></p>
<p>El autor aclara que apoya al gobierno  y a los voceros del NO a seguir persistiendo en la renegociaciÃ³n de los acuerdos y que le pesa mucho no haber podido ir a las dichas marchas, ya que no sabÃ­a de estas.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"></a></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"></a></p>
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		<title>Ley ZIDRES: En contravÃ­a de la paz</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/ley-zidrez-en-contravia-de-la-paz/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Aug 2016 19:48:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[agroindustria]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Ley]]></category>
		<category><![CDATA[MinAgricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>â€œSi no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobiernoâ€, gritaba el mexicano Emiliano Zapata a sus seguidores en medio de su lucha en contra de la concentraciÃ³n de las tierras de los latifundistas, a inicios del siglo XX.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Cincuenta aÃ±os mÃ¡s tarde, en Colombia, la guerrilla de las FARC enmarcÃ³ su motivaciÃ³n por la revoluciÃ³n y la insurgencia sobre este mismo ideal, empoderando a los campesinos a luchar por la tierra; desde este entonces se desatÃ³ una guerra interminable que por mÃ¡s de cinco dÃ©cadas desencadenÃ³ secuestros, asesinatos, narcotrÃ¡fico, corrupciÃ³n y desigualdad. Sin embargo, el desenlace parece haber comenzado, pues se logrÃ³ la tregua definitiva y por medio de una serie de acuerdos, las dos partes del conflicto le han prometido al paÃ­s un futuro mejor y diferente a las prÃ³ximas generaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Los acuerdos concentran su atenciÃ³n principalmente en el agro, debido a que al haber sido la principal motivaciÃ³n para empezar la guerra es evidente que implementar soluciones para este sector puede transformarse en el motor para la paz. De este modo, en su afÃ¡n por evidenciar los esfuerzos sobre una â€œpolÃ­tica de desarrollo agrario integralâ€, el 20 de julio de este aÃ±o, el presidente Santos aprobÃ³ el proyecto de ley 223 de 2015, a travÃ©s del cual legaliza la creaciÃ³n de Zonas de InterÃ©s de Desarrollo Rural y EconÃ³mico (ZIDRES). A grandes rasgos, la nueva ley delimita las zonas especiales del paÃ­s caracterizadas por su aislamiento, altos Ã­ndices de pobreza y poca infraestructura. SegÃºn el gobierno, con la delimitaciÃ³n de estos terrenos, la Ley pretende generar inclusiÃ³n social de los campesinos, promover la productividad de la tierra, crear desarrollo econÃ³mico y social de las periferias, regular la propiedad de los trabajadores del agro, generar empleo rural y garantÃ­as de seguridad alimentarias para los vinculantes.</p>
<p style="text-align: justify;">Por un lado, el discurso del Gobierno y el Ministerio de Agricultura parece tomar una postura que promete dignificar el campo colombiano y de este modo, plantea soluciones que busca integrar toda una cadena productiva con trabajadores agrÃ­colas. AdemÃ¡s, es importante que la Ley promueve esquemas de negocios serios y formales que deben cumplir con un procedimiento y un control por parte del Estado. Asimismo, el gobierno se jacta de que es la ley mÃ¡s â€œaudazâ€ en cuanto a la historia del agro del paÃ­s, ya que enlaza una nueva dinÃ¡mica de producciÃ³n agrÃ­cola con incentivos crediticios, con el fin de promover inclusiÃ³n econÃ³mica y social de los beneficiados.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, es importante anotar que el proyecto de Ley «ZIDRES» ha estado en la mira de acadÃ©micos, funcionarios pÃºblicos y organizaciones campesinas, por la libertad de interpretaciÃ³n que presenta y con el argumento de que va en contravÃ­a de lo que pretende el futuro de la Reforma Rural Integral establecida en los acuerdos de paz. La nueva Ley tiene un enfoque hacia la productividad y no hacia la tenencia de la tierra, debido a que la Ley puede presentar una interpretaciÃ³n que habilita a las empresas a adquirir tierras por medio de concesiones casi perpetuas. De hecho, la Ley fue demandada recientemente y la Corte Constitucional aprobÃ³ la demanda por el efecto de la Ley ZIDRES que da pie a las empresas a acumular baldÃ­os en vez de ser asignados a los campesinos sin tierras, los cuales deben ser favorecidos segÃºn lo dicta la ConstituciÃ³n a travÃ©s la Ley 160 de 1994.</p>
<p style="text-align: justify;">De este modo, es evidente que la actitud ideolÃ³gica del gabinete presidencial intercede en este tipo de decisiones legislativas. El Gobierno tiene la nociÃ³n de que la inversiÃ³n de capital privado de grupos econÃ³micos ya consolidados es la soluciÃ³n para el posconflicto e incidirÃ¡ en la dignificaciÃ³n del sector primario. Si bien es compresible que la escuela econÃ³mica neo-clÃ¡sica del gabinete actual se fundamenta en ideales que prometen la creaciÃ³n de valor para la poblaciÃ³n a partir de inyecciones de capital y conocimiento, en Colombia no contamos con las condiciones para que esto suceda; actualmente, el paÃ­s no tiene instituciones de calidad o con la suficiente legitimidad para evitar que los grandes actores econÃ³micos sigan acaparando la riqueza y explotando los recursos naturales sin cumplir los compromisos econÃ³micos que deben asumir con las regiones. Si el gobierno tiene la intenciÃ³n de generar inclusiÃ³n social y econÃ³mica del campesinado colombiano, deberÃ­a enfocar sus esfuerzos en la creaciÃ³n de proyectos de cooperativas de empresas familiares u otras figuras que involucren al campesinado como empresarios y dueÃ±os de sus tierras, tal y como funciona el sector primario en la mayor parte de paÃ­ses desarrollados como Francia, Italia y EspaÃ±a, y no sÃ³lo como trabajadores agrarios de las grandes corporaciones; Ã©ste serÃ¡ un tema de discusiÃ³n en el prÃ³ximo articulo que publicarÃ©.</p>
<p style="text-align: justify;">En conclusiÃ³n, el conflicto colombiano no puede tener un desenlace desarrollando polÃ­ticas que favorecen los intereses econÃ³micos de unos pocos. Esto seguirÃ¡ contribuyendo a la desigualdad del paÃ­s, lo cual es el eje del cÃ­rculo vicioso de la violencia que nos ha atormentado por mÃ¡s de 60 aÃ±os. Si no hay justicia para el pueblo, no habrÃ¡ paz para el gobierno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÃA </strong></p>
<p>Colombia: las falacias detrÃ¡s de ZIDRES, una ley de â€œsubdesarrollo ruralâ€ (s.f.). <em>Oxfam International.</em> Recuperado de <a href="https://www.oxfam.org/es/colombia-las-falacias-detras-de-zidres-una-ley-de-subdesarrollo-rural">https://www.oxfam.org/es/colombia-las-falacias-detras-de-zidres-una-ley-de-subdesarrollo-rural</a><strong> </strong></p>
<p>Corte Constitucional admite demanda contra ley Zidres (09 de Agosto de 2016). <em>El </em>Espectador. Recuperado de <a href="http://www.portafolio.co/economia/corte-constitucional-admite-demanda-contra-ley-zidres-499467">http://www.portafolio.co/economia/corte-constitucional-admite-demanda-contra-ley-zidres-499467</a></p>
<p>Diez puntos para entender la Ley Zidres que sancionÃ³ Santos (29 de enero de 2016). <em>El Espectador</em>. Recuperado de <a href="http://www.semana.com/nacion/articulo/abece-de-la-ley-zidres-que-sanciono-santos/458494">http://www.semana.com/nacion/articulo/abece-de-la-ley-zidres-que-sanciono-santos/458494</a></p>
<p>Esta no es una ley de baldÃ­os y no va a limitar el acceso a la tierra: Santos sobre Ley Zidres (3 de Agosto de 2016). <em>CM&amp;. </em>Recuperado de <a href="http://www.cmi.com.co/politica/esta-no-es-una-ley-de-baldios-y-no-va-a-limitar-el-acceso-a-la-tierra-santos-sobre-ley-zidres/400401/">http://www.cmi.com.co/politica/esta-no-es-una-ley-de-baldios-y-no-va-a-limitar-el-acceso-a-la-tierra-santos-sobre-ley-zidres/400401/</a></p>
<p>â€œHacia un nuevo campo colombiano: Reforma Rural Integral (RRI)â€. Acuerdo PolÃ­tica de desarrollo agrario integral (26 de Mayo de 2013). <em>Alto Comisionado para la Paz. </em>Recuperado de <a href="http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/Documents/informes-especiales/abc-del-proceso-de-paz/politica-de-desarrollo-agrario-integral.html">http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/Documents/informes-especiales/abc-del-proceso-de-paz/politica-de-desarrollo-agrario-integral.html</a></p>
<p>Las reglas de juego para las zidres (03 de Agosto de 2016). <em>El Espectador.</em> Recuperado de <a href="http://www.elespectador.com/noticias/economia/reglas-de-juego-zidres-articulo-647104-0">http://www.elespectador.com/noticias/economia/reglas-de-juego-zidres-articulo-647104-0</a></p>
<p>Â¿QuÃ© es el proyecto de Ley Zidres? (14 de Diciembre de 2015). <em>El Espectador</em>. Recuperado de <a href="http://www.elespectador.com/noticias/economia/el-proyecto-de-ley-de-zidres-articulo-605547">http://www.elespectador.com/noticias/economia/el-proyecto-de-ley-de-zidres-articulo-605547</a></p>
<p>Reparos a la reglamentaciÃ³n de Zidres (29 de Julio de 2016). <em>El Espectador</em>. Recuperado de <a href="http://www.elespectador.com/noticias/politica/reparos-reglamentacion-de-zidres-articulo-646168">http://www.elespectador.com/noticias/politica/reparos-reglamentacion-de-zidres-articulo-646168</a></p>
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		<title>GestiÃ³n del riesgo y Territorio: Debate de coyuntura</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/gestion-del-riesgo-y-territorio-debate-de-coyuntura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Feb 2014 07:33:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Gestion]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El foro de coyuntura organizado el dÃ­a 19 de Febrero por el Centro interdisciplinario de estudios sobre desarrollo (CIDER) de la Universidad de los Andes, tuvo como tema central la gestiÃ³n del riesgo y territorio.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span id="more-212"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Se realizÃ³ un debate, con representantes de diferentes entidades pÃºblicas y privadas, sobre el papel de las organizaciones, que cada panelista representaba, frente al manejo del riesgo a nivel territorial. La mesa de panelistas estuvo conformada por Diana Rubiano, encargada de gestiÃ³n del riesgo para el Banco Mundial, Jasson GarcÃ­a coordinador del proyecto Pricc (El Plan Regional Integral de Cambio ClimÃ¡tico de BogotÃ¡ â€“ Cundinamarca), Omar Franco, director del Ideam, Richard Vargas, subdirector general para el manejo de riesgos y desastres entidad adscrita a la presidencia , Luis Yamin Lacourt, director del CIMOC (Centro de investigaciÃ³n en materiales y obras civiles) de la Universidad de los Andes, Viviana Lara, especialista senior del banco CAF de AmÃ©rica latina para la gestiÃ³n del riesgo.</p>
<p style="text-align: justify;">El debate se centrÃ³ en la pregunta Â¿QuÃ© hace su organizaciÃ³n para la gestiÃ³n del riesgo y el territorio? Si bien gran parte de la discusiÃ³n evidenciÃ³ cÃ³mo Colombia a pesar de ser unos de los mejores paÃ­ses de la regiÃ³n en la gestiÃ³n del riesgo, aun tiene muchos retos frente al manejo este, especialmente el relacionado al cambio climÃ¡tico a nivel territorial y local, Se quedo corta en propuestas concretas por parte de los panelistas y en consecuencia de las organizaciones. Una de las conclusiones que se pueden sacar de este debate es que el problema en Colombia no es un problema de financiaciÃ³n, asÃ­ los confirmaron las representantes del Banco Mundial Y del CAF banco de AmÃ©rica latina, donde existen mecanismos y seguros en caso de que sucedan catÃ¡strofes en nuestro paÃ­s. En lo que si estamos atrasados es en gestionar el riesgo de cada municipio de manera correcta, y como lo mencionaba el mismo director del Ideam, los planes de ordenamiento territorial de los municipios han perdido su foco y se han vuelto propuestas polÃ­ticas que solo conciernen al periodo de gobierno y que carecen de estudios tÃ©cnicos. Claro estÃ¡ que la culpa no es solo de los entes territoriales, pues es muy complejo encontrar profesionales tÃ©cnicos en estos municipios que permitan hacer los estudios necesarios para preveer el riesgo. Una de las presentaciones que debiÃ³ dejar mucho mÃ¡s claro el panorama general fue la de Richard Vargas subdirector de la Unidad Nacional para la GestiÃ³n del Riesgo de Desastres, aunque es una entidad relativamente nueva (2 aÃ±os) no dejÃ³ claro planes especÃ­ficos y mucho menos la labores que desempeÃ±a dicha unidad, lo que quedÃ³ claro a los asistentes es que su labor es mÃ¡s administrativa.</p>
<p style="text-align: justify;">A groso modo lo que deja claro este debate es que lo que falta en Colombia es articulaciÃ³n entre las organizaciones pÃºblicas, privadas y la academia, asÃ­ como los mecanismos para que las entidades territoriales puedan gestionar de manera tÃ©cnica y profesional el riesgo. Uno de los planteamientos mÃ¡s interesantes fue del proyecto PRICC (<a href="http://www.priccregioncapital.org/index.php/el-pricc">http://www.priccregioncapital.org/index.php/el-pricc</a> ) ,gestiona y planea el riesgo del cambio climÃ¡tico en la capital, proyecto que deberÃ­a replicarse en cada municipio de nuestro paÃ­s, pues es el sector agropecuario uno de los mÃ¡s afectados por dicho cambio, deberÃ­a existir un plan de adaptaciÃ³n local para que las zonas rurales puedan adaptarse y evitar profundizar las crisis actual del agro.</p>
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		<item>
		<title>La territorialidad del conflicto</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/la-territorialidad-del-conflicto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 21:22:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[GestiÃƒÂ³n y territorio]]></category>
		<category><![CDATA[Gestion]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Regiones]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Durante todos los artÃ­culos se ha mencionado el conflicto como una variable decisiva en la polÃ­tica de conservaciÃ³n del paÃ­s, afectando no solo a la Unidad de Parques Naturales de Colombia, sino a las comunidades, sector privado y otros grupos de interÃ©s, como las ONG.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La conservaciÃ³n no ha sido ajena a este proceso que en Colombia involucra de forma muy cercana el territorio, pues fue por la tierra que comenzÃ³ dicho conflicto.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-192"></span><br />
La mejor forma de conservaciÃ³n, como se ha argumentado en los artÃ­culos anteriores, es aquella que se desarrolla desde lo local, y que entiende a la comunidad como miembro inherente del proceso para generar lÃ³gicas de conservaciÃ³n que incluyen territorio, comunidad y recursos naturales. El conflicto colombiano ha afectado tanto a las comunidades, como a sus recursos naturales y los territorios, por lo que la conservaciÃ³n y las Ã¡reas destinadas a estas (Cualquiera que sea la modalidad jurÃ­dica que se use) dependen para su buena gestiÃ³n de los efectos que el conflicto pueda tener sobre cada variable.</p>
<p>El actual proceso de paz nos enfrenta, como paÃ­s, a la perpetuaciÃ³n del conflicto o al comienzo de su terminaciÃ³n. Entender la territorialidad del conflicto es fundamental para generar iniciativas y polÃ­ticas de conservaciÃ³n con miras al desarrollo social de aquellas comunidades que mÃ¡s han sufrido sus consecuencias. El Congo ha logrado, de manera mÃ¡s o menos exitosa, desarrollar polÃ­ticas de conservaciÃ³n durante los periodos mÃ¡s Ã¡lgidos del conflicto interno de esta naciÃ³n:</p>
<p>Los conflictos de 1996 y 1998 exacerbaron y aumentaron la destrucciÃ³n de los ecosistemas, y condujeron a la explotaciÃ³n ilegal y al sistemÃ¡tico saqueo de recursos, tanto en tierra (cafÃ©, madera, marfil, etc.) como de recursos subterrÃ¡neos (coltÃ¡n, oro, diamantes). Las armas proliferaron y los guardas y gerentes del ICCN fueron asesinados por bandas de maleantes. Para salvar los sitios de Patrimonio Mundial amenazados, el ICCN propuso al <a href="http://whc.unesco.org/nwhc/pages/home/pages/homepage.htm">Centro del Patrimonio Mundial</a> la realizaciÃ³n de un proyecto encaminado a prestar apoyo a la gestiÃ³n de la biodiversidad en tiempos de conflicto. Este proyecto, de cuatro aÃ±os de duraciÃ³n, cuenta con un presupuesto global de 4.180.957 dÃ³lares, de los cuales 2.902.024 fueron contribuidos por la FundaciÃ³n de las Naciones Unidas (FNU). (Baliruhya, Eulalie. ConservaciÃ³n en tiempos de conflicto. Revista nuestro planeta.2002)</p>
<p>Colombia, al igual que el Congo, ha logrado continuar el proceso de conservaciÃ³n, con los obstÃ¡culos que supone, para aquellos que se encargan de cuidar de cada regiÃ³n, proteger los recursos naturales en medio de combates y con las necesidades apremiantes de comunidades enteras que se sirven de los recursos a la mano para sobrevivir. Sin embargo tener en papel una de las legislaciones mÃ¡s avanzadas en conservaciÃ³n no garantiza la sostenibilidad de estas Ã¡reas, mÃ¡s cuando no hay presencia del Estado en estas zonas y son los frentes guerrilleros quienes tiene el control, con la consecuencia de disponer los recursos naturales de las regiones bajo las cuales reinan.</p>
<p>Cuando nos referimos a la territorialidad del conflicto nos referimos directamente al desarrollo del conflicto colombiano desde lo local, es decir a una guerra de guerrillas que luchan por mantener el control sobre regiones limitadas. Existe amplia bibliografÃ­a acerca del comienzo del conflicto colombiano, la defensa de la propiedad campesina fue uno de esos ideales antaÃ±o defendidos por estos grupos que en su momento podÃ­an denominarse insurgentes. Ahora la tierra y el conflicto tienen una relaciÃ³n Ã­ntima frente a la economÃ­a del narcotrÃ¡fico, que a su paso va dejando comunidades empobrecidas que son explotadas como mano de obra y ecosistemas perdidos, utilizados para la siembra de coca o la extracciÃ³n de coltÃ¡n, sin mencionar los enfrentamientos entre guerrilla y fuerzas armadas. Sin embargo hablar de la guerra o conflicto interno de Colombia nos enfrenta al estatus que tiene este, pues el postconflicto se enmarcarÃ¡ en la denominaciÃ³n que se le ha dado a la problemÃ¡tica actual. Uno de los grandes retos, si se llega a generar un acuerdo, es la del trato de las vÃ­ctimas dado que los gobiernos han sido reticentes a denominar el conflicto colombiano como tal, por las implicaciones y la legitimidad que se le puede dar a los â€œterroristasâ€ como se les ha denominado en la Ãºltima dÃ©cada. SegÃºn el Tratado De Roma, la definiciÃ³n se aplica a los conflictos armados que tienen lugar en el territorio de un Estado cuando existe un conflicto armado prolongado entre las autoridades gubernamentales y grupos armados organizados o entre tales grupos (Tratado de roma, pÃ¡rrafo 2). La importancia de la denominaciÃ³n, en palabras de Juan JosÃ© Ferro en su artÃ­culo â€œExistencia de un conflicto armado, Â¿quiÃ©n decide?, radica en que la naturaleza del conflicto determinarÃ¡ el rÃ©gimen jurÃ­dico aplicable a los actos cometidos. El hecho de no denominar a la problemÃ¡tica colombiana como conflicto armado interno evitarÃ¡ que muchas vÃ­ctimas sean resarcidas, y para el caso particular, el daÃ±o irreversible a ecosistemas serÃ¡ una de las vÃ­ctimas que seguramente quedarÃ¡ excluida.</p>
<p>Pasando de la definiciÃ³n a la verdadera problemÃ¡tica en Colombia, el conflicto armado de guerrillas ha encontrado en lo territorial, entendido como los pueblos y municipios, un fundamento para expandir su modelo econÃ³mico y de violencia. El problema inicial de tierras y gamonales, que encontrÃ³ en las diferencias partidistas de los aÃ±os 50 una excusa para atomizar la violencia, con el objetivo de exigir reivindicaciones de equidad, que luego incluyÃ³ el modelo de narcotrÃ¡fico, generÃ³ el verdadero conflicto colombiano que es una mezcla de conflictos locales adaptados a las realidades de cada regiÃ³n en Colombia. AsÃ­ lo menciona Fabio VelÃ¡squez Carrillo el compendio de ensayos â€œTerritorio, conflicto y gestiÃ³n pÃºblica en Colombia: Una mirada desde lo localâ€ donde afirma que el accionar del conflicto desde lo local ha adoptado tres modelos: el control polÃ­tico electoral, control sobre la gestiÃ³n municipal y control territorial. Estos territorios se convirtieron en las zonas rojas: La zona roja representa el enclave violento revestido de naturaleza, ausente del pleno mandato de los partidos tradicionales, expuesto a la agitaciÃ³n y a la protesta social, propicio para el accionar de las guerrillas..(Dimas, Serna AdriÃ¡n. Conflicto y regiÃ³n en Colombia.2009:19)</p>
<p>Un conflicto que es diferente en cada municipio y que en Cuba difÃ­cilmente estÃ¡ representando los intereses de los grupos armados de cada regiÃ³n, enfrenta significativos impases en cÃ³mo las victimas van a ser resarcidas. Entre ellas las zonas de conservaciÃ³n que hasta el dÃ­a de hoy hacen de campo de batalla y de vÃ­ctima, de no darles la relevancia que merecen seguirÃ¡n empobreciÃ©ndose y junto a ellas las comunidades que las habitan. El desarrollo local y el papel de los alcaldes y gobernadores serÃ¡ el diferenciador para saber si la pobreza y la explotaciÃ³n se quedan o se superan en un proceso de paz que dista mucho de dar soluciones a todas las problemÃ¡ticas sociales de Colombia.</p>
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		<item>
		<title>La propiedad colectiva y el mito de la riqueza</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/la-propiedad-colectiva-y-el-mito-de-la-riqueza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 21:14:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto Social]]></category>
		<category><![CDATA[Posconflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://aneia.pixelpro.website/la-propiedad-colectiva-y-el-mito-de-la-riqueza/</guid>

					<description><![CDATA[<p>Una de las formas de organizaciÃ³n territorial mÃ¡s innovadora, inspirada en la organizaciÃ³n colonial espaÃ±ola de resguardos indÃ­genas, y que reconociÃ³ la constituciÃ³n de 1991, es la de propiedad colectiva de las comunidades.</p>
<p>La entrada <a href="https://aneia.uniandes.edu.co/la-propiedad-colectiva-y-el-mito-de-la-riqueza/">La propiedad colectiva y el mito de la riqueza</a> se publicó primero en <a href="https://aneia.uniandes.edu.co">ANeIA | Universidad de los Andes - AGRONEGOCIOS E INDUSTRIA DE ALIMENTOS</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">Desde hace varios aÃ±os el Estado ha entregado a las comunidades negras e indÃ­genas mÃ¡s de cinco millones de hectÃ¡reas (Propiedad colectiva en Colombia. Incoder 2008) bajo el modelo de propiedad colectiva. Para poder ser acreedores de los tÃ­tulos se tienen en cuenta variables histÃ³ricas, sociales, econÃ³micas y ambientales. Si se cumple con los requerimientos la comunidad establece un consejo que es el encargado de administrar y velar por el territorio.</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">El Ã©xito del modelo, entendido como la mejora en las condiciones socioeconÃ³micas de las poblaciones, deja mucho que desear. Los Ãºltimos gobiernos han mostrado con cierta satisfacciÃ³n el alcance de este modelo, por la cantidad de tierras entregadas a los concejos. La realidad ha demostrado que lo que estÃ¡ generando la entrega de propiedades colectivas es el abandono del Estado y la captura de los concejos por parte de intereses privados, muchas veces en detrimento de las comunidades:</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">Colombia es un paÃ­s con permanentes procesos de despojo de tierras y territorios a campesinos, indÃ­genas y afro descendientes, que han marcado su historia, y que explican en parte la precaria democratizaciÃ³n de la tenencia de la tierra, que es un lastre nacional que llega al siglo XXI. AsÃ­ sigue estando vigente la frase escrita por un intelectual liberal colombiano en el siglo XIX, Manuel Murillo Toro, en la que seÃ±alaba que: â€œes la constituciÃ³n de la propiedad la que determina el carÃ¡cter polÃ­tico de la naciÃ³nâ€, es decir, su identidad como sociedad. (Ferro, Juan Guillermo. TobÃ³n, Gabriel. AutonomÃ­as territoriales. 2012. 43)</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">Las presiones que afronta la propiedad colectiva, exigen un conjunto de polÃ­ticas consistentes. La primera amenaza, que ya genera consecuencias negativas sobre las comunidades, es el abandono histÃ³rico del Estado hacia las minorÃ­as especialmente indÃ­genas y comunidades afro. Sus territorios estÃ¡n siendo depredados por la propiedad privada, es asÃ­ que el territorio que abarcaba Palenque segÃºn tÃ­tulos coloniales era de 260 mil hectÃ¡reas y los tÃ­tulos de propiedad colectiva entregados por el gobierno en el 2008 son de 2000 hectÃ¡reas (Vargas, NicolÃ¡s. ProtecciÃ³n territorial y ambiental palenquera.2012. 18). Las presiones poblacionales son otra de las amenazas de estos territorios. Una de las variables para otorgar los tÃ­tulos es la poblaciÃ³n del territorio, sin embargo hay territorios que a pesar de los bajos niveles de la poblaciÃ³n pertenecen por herencia histÃ³rica a sus comunidades. AsÃ­ mismo las condiciones de pobreza extrema, la falta de infraestructura y la presencia de grupos al margen de la ley, que estÃ¡n enlistando a los niÃ±os, hacen que familias enteras abandonen los territorios generando esto que grupos armados o grandes terratenientes se adueÃ±en de los territorios. </span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">La mayorÃ­a de las comunidades con tradiciones arraigadas de producciÃ³n artesanal utilizaban la mano de obra de las familias, el modelo ha debido cambiar ya que los hijos van a estudiar y luego se van a las grandes ciudades a buscar mejores oportunidades, porque la tierra ya no da para vivir bien, y es insostenible para las familias pagar jornales. Gran parte de su producciÃ³n era posible gracias a los prÃ©stamos de la Caja Agraria. Sin embargo, despuÃ©s de la reforma agraria que tuvo lugar durante la dÃ©cada del setenta los prÃ©stamos empezaron a ser mÃ¡s difÃ­ciles. (Ferro, Juan Guillermoâ€¦2012) Lo anterior confirma que sin polÃ­ticas consecuentes la asignaciÃ³n de tierras no genera bienestar para las comunidades.</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">Las condiciones de pobreza generan problemas sociales, la drogadicciÃ³n, y la inseguridad se vuelven comunes en los territorios y el desespero por la subsistencia vuelve a las comunidades y especialmente a sus concejos objetivos vulnerables. Es asÃ­ que las comunidades indÃ­genas WayÃºs han accedido a subarrendar su territorio a multinacionales mineras donde hay una retribuciÃ³n econÃ³mica pero al largo plazo la comunidad solo le quedarÃ¡ un territorio estÃ©ril. En el ChocÃ³ los concejos estÃ¡n vendiendo las maderas de sus bosques para poder sostener a la comunidad y en palenque los concejos han accedido a que se construyan hoteles en sus territorios. El comÃºn denominador es que las comunidades no estÃ¡n involucradas y solo se estÃ¡n explotando sus recursos, todo bajo el argumento de que estÃ¡n mejor que antes. Un territorio sin proyectos productivos es igual a un territorio baldÃ­o, otorgar tierras no puede ser el objetivo, de lo contrario la concentraciÃ³n de la tierra en tÃ©rminos reales continuarÃ¡ estando en manos de unos pocos. De hecho en el pacÃ­fico adueÃ±arse de la tierra y pagar la indemnizaciÃ³n es mÃ¡s econÃ³mico que buscar otras tierras por lo que los gamonales pagan con comida o ropa a las comunidades (Cartilla de etnoterritorios. ProtecciÃ³n ambiental palenquera. 2008. 12)</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 115%;">Ahora el reto es aÃºn mayor, no solo se reclaman tierras, sino que hay una explotaciÃ³n indebida de estas, junto con problemas sociales al interior de los territorios, que van llegando bajo la figura de desplazamiento a las ciudades capitales. Los escenarios del conflicto suelen ser los territorios de estas comunidades, que bajo el argumento de subsistencia dan sus tierras al mejor postor. No bastan los tÃ­tulos de propiedad colectiva, estos no dan bienestar social, la tenencia de tierras en comunidades pobres no es sinÃ³nimo de riqueza, mientras no existan polÃ­ticas de desarrollo productivo al interior de estas tierras la situaciÃ³n no va a cambiar y lo que mÃ¡s debe preocuparnos es que esta polÃ­ticas no existen todavÃ­a. Â¿Se deberÃ­a afirmar con orgullo que cada vez mÃ¡s comunidades tienen propiedad sobre la tierra?</span></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Las comunidades indÃ­genas y la conservaciÃ³n</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/las-comunidades-indigenas-y-la-conservacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 20:59:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Turismo]]></category>
		<category><![CDATA[conser]]></category>
		<category><![CDATA[indÃƒÂ­genas]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
		<category><![CDATA[turismo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://aneia.pixelpro.website/las-comunidades-indigenas-y-la-conservacion/</guid>

					<description><![CDATA[<p>La composiciÃ³n social de nuestro paÃ­s, reconocida por su heterogeneidad, proviene de diversos orÃ­genes.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">No se puede negar que todos los grupos humanos que actualmente conforman la poblaciÃ³n colombiana son la suma de ancestros con intereses muy particulares en la tierra<a title="" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Ya sea el indÃ­gena aruako, wayuu o arjuna que veÃ­a en su tierra un componente sagrado, o el espaÃ±ol conquistador buscando el oro que brota de la tierra, o el esclavo africano que huyo de su esclavitud al litoral pacÃ­fico y allÃ­ se adueÃ±o de un pedazo de selva para sobrevivir de la pesca. Todas esas mezclas dieron origen a la variopinta sociedad colombiana.</p>
<div style="text-align: justify;">Entre lo que actualmente denominamos la poblaciÃ³n colombiana las minorÃ­as siempre han sido vistas como poblaciones vulnerables, y en nuestro paÃ­s han estado asociadas a la pobreza y marginalidad de la mayorÃ­a, quizÃ¡ por esto la propiedad de la tierra toma mayor relevancia para estos grupos. De las poblaciones existentes que tienen una estrecha relaciÃ³n con la tierra, los indÃ­genas son un caso que merece especial atenciÃ³n, debido a que su relaciÃ³n con la tierra trasciende a una necesidad de subsistencia. A diferencia de lo que sucede con otros grupos minoritarios como lo son las negritudes o los campesinos (si los consideramos como un grupo minoritario por su condiciÃ³n de vulnerabilidad) cuya relaciÃ³n con la el territorio es de subsistencia, los indÃ­genas y el territorio tienen una dinÃ¡mica que trasciende la mera subsistencia e involucra aspectos de la vida polÃ­tica, religiosa y social formando asÃ­ una identidad propia. Es por esto que los resguardos indÃ­genas fueron de las primeras formas de preservaciÃ³n territorial que se crearon, no porque esta fuese su finalidad sino como un efecto secundario de las identidades. El equilibrio social de muchos grupos indÃ­genas estÃ¡ ligado al equilibrio del territorio que habitan<a title="" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> .</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Muchos grupos indÃ­genas han desarrollado modelos de sostenibilidad ambiental al interior de sus resguardos, sin embargo la falta de coordinaciÃ³n entre polÃ­ticas pÃºblicas por parte del Estado ha hecho que la administraciÃ³n por parte de los lÃ­deres indÃ­genas estÃ© limitada por las necesidades bÃ¡sicas de cada comunidad y las oportunidades. Ejemplo del Ã©xito que han tenido las comunidades indÃ­genas es la AmazonÃ­a, desde los aÃ±os noventa se creÃ³ el programa de consolidaciÃ³n amazÃ³nica (COAMA) donde las comunidades indÃ­genas hacen parte del Estado, este liderazgo ha sido reconocido por entidades multilaterales y recientemente fue mostrado en la cumbre de Rio del aÃ±o pasado como un ejemplo a seguir en la regiÃ³n.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Sin embargo hablar de los indÃ­genas y de su relaciÃ³n con el entorno como sinÃ³nimo de sostenibilidad y conservaciÃ³n es un error. Como cualquier grupo social los indÃ­genas han debido, dentro de sus diferentes manifestaciones sociales, formar una identidad que a travÃ©s de los aÃ±os encontrÃ³ en la relaciÃ³n con el entorno una forma estable de subsistencia, lo que actualmente denominarÃ­amos sostenibilidad. Actualmente a travÃ©s de sus identidades particulares los grupos indÃ­genas buscan espacios de reconocimiento y defienden su territorialidad polÃ­tica en la sociedad actual, como consecuencia el Estado crea las reservas indÃ­genas. Es asÃ­ que el manejo de los recursos naturales hace parte de la identidad indÃ­gena y en lo que desde los aÃ±os setenta se centra su lucha<a title="" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Castells (1997) menciona tres fuentes del origen de los colectivos indÃ­genas, una identidad legitimadora que proviene del reconocimiento del Estado, una identidad de resistencia y una identidad de proyecto que es la continua construcciÃ³n de su identidad de acuerdo al contexto actual. La construcciÃ³n mencionada es la que ha llevado a que los indÃ­genas sean actualmente percibidos como los ecologistas por naturaleza.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">En el plan de vida de la OREWA (1996) denominado â€œLo que queremos y pensamos hacer en nuestro territorio â€œestÃ¡ explÃ­cita esta relaciÃ³n al plantear que â€œPara los pueblos indÃ­genas del departamento [ChocÃ³] el bienestar estÃ¡ basado en el sentido de pertenencia a la Naturaleza como un legado ancestral de su origen (Ulloa, Astrid. 2001:14)</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">A pesar de algunos casos exitosos, los retos que afrontan las comunidades indÃ­genas en Colombia distan de ser Ã³ptimas, estos grupos han sufrido los rigores del conflicto armado, sumado a que la protecciÃ³n por parte del Estado se ha quedado mÃ¡s en el papel que en hechos concretos. La respuesta de dar zonas de conservaciÃ³n sin apoyo no es ningÃºn aporte ya que las comunidades no tienen la capacidad econÃ³mica para emprender proyectos y generalmente tampoco el conocimiento. Se convierten entonces en grupos sumamente vulnerables a las necesidades bÃ¡sicas de sus territorios que son cubiertas por grupos ilegales o compaÃ±Ã­as ilegales de extracciÃ³n que en el mediano plazo ahondan en los niveles de pobreza de la comunidad. AsÃ­ lo registra en el documento pueblos indÃ­genas e impunidad: cuatro estudios de caso Colombia, la universidad Andina SimÃ³n Bolivar de Ecuador. En esta se presenta como cuatro comunidades: los Nasa del Cauca, Los Embera katÃ­o de Cordoba, Los Kankuamo de la sierra nevada de Santa Marta y los Sikuani de Arauca han sido afectados por intereses de grupos armados y petroleras que con el permiso de sus lÃ­deres se aprovechan de sus condiciones para extraer recursos.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Aunque la legislaciÃ³n da un respaldo a las comunidades indÃ­genas, la realidad sigue mostrando que se necesitan mÃ¡s que leyes para que estos grupos, que han sido histÃ³ricamente los protectores del medio ambiente, continÃºen por una senda propia de desarrollo y mostrÃ¡ndonos dinÃ¡micas productivas que consideren el medio ambiente como parte de nuestra identidad social.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div>
<div style="text-align: justify;">
<hr align="left" size="1" width="33%" />
</div>
<div style="text-align: justify;">
<p><a title="" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> OrÃ­genes de los colombianos. Mestizaje en Colombia. <a href="http://www.colombiaaprende.edu.co/html/home/1592/article-88867.html">http://www.colombiaaprende.edu.co/html/home/1592/article-88867.html</a></p>
</div>
<div style="text-align: justify;">
<p><a title="" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Los pueblos indÃ­genas y el medio ambiente. Conferencia de la ONU sobre medio ambiente y el desarrollo. 1992:22</p>
</div>
<div style="text-align: justify;">
<p><a title="" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Ulloa, Astrid. Movimientos indÃ­genas y medioambiente en Colombia. 2001:12</p>
</div>
</div>
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			</item>
		<item>
		<title>La participaciÃ³n social en la conservaciÃ³n &#8211; Parte II</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/la-participacion-social-en-la-conservacion-ii/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 20:51:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[ConservaciÃƒÂ³n Ambiental]]></category>
		<category><![CDATA[GestiÃƒÂ³n y territorio]]></category>
		<category><![CDATA[indÃƒÂ­genas]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://aneia.pixelpro.website/la-participacion-social-en-la-conservacion-ii/</guid>

					<description><![CDATA[<p>Las relaciones de las comunidades y sus territorios hacen parte del acervo cultural de cualquier comunidad.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"></div>
<p><span id="more-182"></span></p>
<div style="text-align: justify;">
<p>La autonomÃ­a que cada comunidad pueda tener, para administrar sus territorios apoyados por las instituciones pÃºblicas, puede ser la mejor respuesta para que la conservaciÃ³n no sea un conjunto de leyes que deban ser aplicadas desde la punta de la pirÃ¡mide, sino que sea un conjunto de propuestas y emprendimientos sociales de la base social. Lo anterior enmarcado en proyectos de conservaciÃ³n productivos que den legitimidad al proceso de conservaciÃ³n, que actualmente tiene una apolÃ­tica de defensiva. En el largo plazo no serÃ¡ sostenible dicha polÃ­tica, si no encuentra aceptaciÃ³n por parte de cada comunidad, que es la interesada en preservar el valor de su cultura y en consecuencia de su territorio. Las comunidades indÃ­genas y de negritudes en nuestro paÃ­s son un ejemplo de relaciÃ³n con el entorno y preservaciÃ³n, asÃ­ como algunas iniciativas privadas que comienzan a delimitar espacios representativos para la conservaciÃ³n.</p>
<p>Como ya hemos mencionada en otras publicaciones la cultura y la etnografÃ­a de cada comunidad estÃ¡ sujeta a la relaciÃ³n que esta tiene con el entorno, el territorio es una variable fundamental que afecta las dinÃ¡micas de comunidad, asÃ­ lo menciona el estudio llevado a cabo por observatorio de territorios Ã©tnicos de la universidad javeriana en el estudio de experiencias y percepciones de jÃ³venes afro descendientes en procesos de autonomÃ­a territorial (2012. Pg.24) En Colombia la autonomÃ­a administrativa que tiene algunas de estas comunidades les ha permitido generar modelos propios de desarrollo y en consecuencia de conservaciÃ³n, asÃ­ mismo algunos privados han desarrollado iniciativas que se han convertido en referentes sociales de conservaciÃ³n, es asÃ­ que en el departamento de Casanare un grupo de finqueros decidiÃ³ unirse y crearon una zona de reserva de quince mil hectÃ¡reas dentro de sus fincas, fue una agremiaciÃ³n de 10 fincas, en este momento es una de las reservas privadas mÃ¡s grandes del paÃ­s.</p>
<p>Algo parecido ha sucedido en el chocÃ³<a title="" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. En la publicaciÃ³n anterior mencionamos que la conservaciÃ³n en un paÃ­s como el nuestro no puede entenderse bajo el concepto de aislamiento ya que no responde a las necesidades de las personas que viven en zonas de reserva y que llevan varias dÃ©cadas asentadas allÃ­. Dos comunidades del Choco, Alto de san Juan y el Carmelo, han desarrollado concejos comunitarios mayores para administrar la explotaciÃ³n de recursos de sus comunidades de manera adecuada y sostenible. Las actividades principales son explotaciÃ³n agropecuaria, forestal, minera, caza y pesca. Las actividades de los miembros de la comunidad pueden ser mÃºltiples, sin embargos algunas como la minerÃ­a o la explotaciÃ³n forestal requieren aprobaciÃ³n por parte del concejo. AsÃ­ mismo estos concejos toman decisiones basados en su cultura, es por eso que la extracciÃ³n de plantas medicinales o consideradas mÃ¡gicas tienen reglas especÃ­ficas dentro de la comunidad. Lo anterior es una muestra que la conservaciÃ³n desde las comunidades es mucho mÃ¡s efectiva que desde una organizaciÃ³n central. La labor de la unidad de parques naturales de Colombia deber ser direccionar y crear una estrategia, sin embargo el control debe hacerse desde las comunidades, asÃ­ la participaciÃ³n social en la conservaciÃ³n estarÃ¡ alineada con la unidad de parques y el interÃ©s de la comunidad serÃ¡ la preservaciÃ³n de sus recursos para el beneficio propio.</p>
</div>
<div style="text-align: justify;">
<div>
<p>&nbsp;</p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div style="text-align: justify;">
<p><a title="" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Beltran ruiz, Adriana. Recursos del bosque comunitario, recursos de todos. Mayo de 2013.</p>
</div>
</div>
</div>
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		<item>
		<title>Las Ã¡reas protegidas en  Colombia</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/las-areas-protegidas-en-colombia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jan 2014 20:33:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Turismo]]></category>
		<category><![CDATA[ConservaciÃƒÂ³n Ambiental]]></category>
		<category><![CDATA[Desarrollo Sostenible]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
		<category><![CDATA[turismo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://aneia.pixelpro.website/las-areas-protegidas-en-colombia/</guid>

					<description><![CDATA[<p>Colombia es uno de los paÃ­ses mÃ¡s biodiversos del planeta, su posiciÃ³n geogrÃ¡fica lo hacen representativo en ecosistemas propios del caribe, la regiÃ³n andina y la llanura Colombo-venezolana, asÃ­ como espacios de conservaciÃ³n de importancia mundial como lo es el litoral pacÃ­fico y la selva amazÃ³nica.</p>
<p>La entrada <a href="https://aneia.uniandes.edu.co/las-areas-protegidas-en-colombia/">Las Ã¡reas protegidas en  Colombia</a> se publicó primero en <a href="https://aneia.uniandes.edu.co">ANeIA | Universidad de los Andes - AGRONEGOCIOS E INDUSTRIA DE ALIMENTOS</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Especies endÃ©micas y hÃ¡bitats Ãºnicos ponen a Colombia en el radar de los organismos internacionales de conservaciÃ³n. Pero no solo son estas caracterÃ­sticas las que han llevado a Colombia a desarrollar sistemas de Ã¡reas protegidas, un esfuerzo institucional fuerte, y a veces contradictorio, insertan al paÃ­s en la polÃ­tica regional de conservaciÃ³n y desarrollo sostenible.<span id="more-176"></span><br />
Desde la dÃ©cada del setenta (CÃ³digo de recursos naturales, decreto 2811 de 1974) Colombia destino recursos e instituciones al cuidado del medio ambiente, pero solo fue hasta la dÃ©cada del noventa donde realmente se comprometieron recursos para la protecciÃ³n. Hasta 1997 una dependencia del instituto de bosques, que a su vez dependÃ­a del ministerio de ambiente, era la encargada de velar por las Ã¡reas protegidas, sus recursos y personal eran mÃ­nimos para proteger la bastedad del territorio colombiano. Otro gran hito en el cuidado del medio ambiente fue la constituciÃ³n de 1991, bajo la cual se establece que todos los colombianos tenemos derecho a un ambiente sano, donde se exige la protecciÃ³n de la diversidad cultural y natural de la naciÃ³n, y se da cuidado a los parques naturales haciÃ©ndolos inembargables, por lo que la sostenibilidad entraba a hacer parte de la polÃ­tica colombiana. Fueron los tratados internacionales los que dieron carÃ¡cter de ley a las polÃ­ticas de conservaciÃ³n y sostenibilidad, el tratado de diversidad biolÃ³gica firmado en 1992 por Colombia y ratificado por el congreso en 1993, asÃ­ como el tratado firmado en la conferencia sobre medio ambiente y desarrollo de la ONU en 1992, fueron los pioneros jurÃ­dicos para enmarcar la protecciÃ³n de Ã¡reas y hÃ¡bitats.</p>
<p>A pesar de las referencias en la carta magna y de algunas iniciativas gubernamentales, solo fue hasta el aÃ±o dos mil, donde Colombia reconociÃ³ a las Ã¡reas protegidas como parte fundamental del desarrollo y deja de percibirlas como simple Ã¡reas de preservaciÃ³n, incluyendo un componente cultural y de desarrollo econÃ³mico. En el aÃ±o 2003 se crea la Unidad especial de Parques Nacionales Naturales de Colombia adscrita directamente al Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial, con el fin de dar mÃ¡s autonomÃ­a financiera y jurÃ­dica.</p>
<p>Actualmente a pesar de que Colombia se encuentra entre los promedios estadÃ­sticos en cuanto a Ã¡reas de conservaciÃ³n en AmÃ©rica Latina, al compararlo contra los promedios de naciones industrializadas se presenta un rezago importante. Y es queColombia a pesar de la riqueza natural, que comparte con sus pares americanos, presenta singularidades que hacen la gobernanza de estas Ã¡reas un reto significativo para la sociedad y los diferentes gobiernos de turno.</p>
<p>Actualmente uno de los grandes aciertos de la Unidad de Parques Naturales de Colombia ha sido la neutralidad y gestiÃ³n de los parques en medio del conflicto armado colombiano. Teniendo en cuenta que muchos de estos parques son escenarios de combates entre la fuerza pÃºblica y los grupos al margen de la ley, la gestiÃ³n ha sido continua. AsÃ­ mismo se debe tener en cuenta que el conflicto genera desplazamiento no solo hacia las grandes ciudades sino hacia zonas de reserva, actualmente viven dentro de Ã¡reas de protecciÃ³n y conservaciÃ³n cincuenta y cinco mil personas (Tomado de Parques naturales de Colombia, 2013), lo que se convierte en un reto para la gestiÃ³n de estas Ã¡reas y a la vez una amenaza para biodiversidad de estos sitios.</p>
<p>Al dÃ­a de hoy Colombia cuenta con casi quince millones de hectÃ¡reas en Ã¡reas protegidas, por lo que representa casi un 12% del territorio nacional, sin embargo en los Ãºltimos aÃ±os, al aumentar los territorios y mantener el presupuesto, la productividad de la unidad de parques naturales ha venido disminuyendo. Aunque el presupuesto aumenta cada aÃ±o no lo hace de acuerdo al crecimiento y necesidad de las Ã¡reas. Las conocidas locomotoras de desarrollo del gobierno actual han puesto una presiÃ³n sobre las Ã¡reas protegidas, la explotaciÃ³n de hidrocarburos estÃ¡n comprometiendo zonas protegidas y solo hablamos de la minerÃ­a legal, hay Ã¡reas donde existe explotaciÃ³n a menos de 500 metros. Mientras la sociedad colombiana no entienda que los parques naturales no son un problema de conservaciÃ³n, sino de desarrollo econÃ³mico, y una apuesta social mÃ¡s que jurÃ­dica, donde decidimos preservar Ã¡reas para nuestro bienestar, los recursos y polÃ­ticas nunca van a ser lo suficientemente representativas y pueden comprometer el desarrollo econÃ³mico del paÃ­s. Â¿CuÃ¡l serÃ­a la repercusiÃ³n de dejar a BogotÃ¡ sin los recursos hÃ­dricos que le aporta Chingaza, hay desarrollo sin agua?</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>CrÃ³nicas de  viaje &#8211; Parte I</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/cronicas-de-viaje-1/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Jan 2013 20:15:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Turismo]]></category>
		<category><![CDATA[Gestion]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
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		<category><![CDATA[turismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>McLean County, en el corazÃ³n de Illinois, es el condado -algo equivalente a un municipio nuestro- mÃ¡s grande y rico de dicho Estado.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span lang="EN-US">Su poblaci</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n es igual a la de Facatativ</span><span lang="EN-US">Ã¡</span><span lang="EN-US"> (150.000) y su superficie una sexta parte la de Cundinamarca</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-165"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="EN-US">El Estado de Illinois (http://en.wikipedia.org/wiki/State_of_Illinois) posee una superficie equivalente a una sexta parte del territorio colombiano y una poblaci</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n que es una cuarta parte de la nuestra. Su ingreso per c</span><span lang="EN-US">Ã¡</span><span lang="EN-US">pita es seis veces superior al colombiano. McLean County(http://en.wikipedia.org/wiki/McLean_County,_Illinois), en el coraz</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n del Estado, es el condado -algo equivalente a un municipio nuestro- m</span><span lang="EN-US">Ã¡</span><span lang="EN-US">s grande y rico de dicho Estado. Su poblaci</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n es igual a la de Facatativ</span><span lang="EN-US">Ã¡</span><span lang="EN-US"> (150.000) (http://en.wikipedia.org/wiki/Facatativ%C3%A1) y su superficie una sexta parte la de Cundinamarca. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="EN-US">Dicho Condado fue fundado en 1830 e inicialmente poblado por inmigrantes alemanes y suecos. Las estepas de Illinois poseen uno de los suelos m</span><span lang="EN-US">Ã¡</span><span lang="EN-US">s ricos del Pa</span><span lang="EN-US">Ã­</span><span lang="EN-US">s, sin embargo debieron secar humedales en extensi</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n equivalente a una sexta parte de su territorio. Para ello, las t</span><span lang="EN-US">Ã©</span><span lang="EN-US">cnicas de cultivo que trajeron los europeos fueron oportunas: incluyeron la fabricaci</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n de tubos de gres y su colocaci</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n en un enmallado de canales subterraneos a lo largo y ancho de todo el territorio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="EN-US">Las t</span><span lang="EN-US">Ã©</span><span lang="EN-US">cnicas de arado (http://en.wikipedia.org/wiki/Ploughs) fueron avanzadas con los retos que demandaba cultivar en grandes extensiones. Un invento clave lo realiz</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US"> John Deere pocos a</span><span lang="EN-US">Ã±</span><span lang="EN-US">os despu</span><span lang="EN-US">Ã©</span><span lang="EN-US">s de fundado el Condado: el arado de acero. Hasta entonces estos eran de madera o de de hierro fundido. El terreno arcilloso de Illinois obligaba al granjero a detener con frecuencia sus caballos para limpiar el arado. El acero, en cambio, permit</span><span lang="EN-US">Ã­</span><span lang="EN-US">a arar grandes extensiones sin detenerse. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="EN-US">Lo que ilustra el beneficio propio y para la sociedad cuando las innovaciones agr</span><span lang="EN-US">Ã­</span><span lang="EN-US">colas atienden necesidades patentes del campo. El dise</span><span lang="EN-US">Ã±</span><span lang="EN-US">o, materiales empleados, fuerza animal y pr</span><span lang="EN-US">Ã¡</span><span lang="EN-US">cticas de arado no cambiaron sustancialmente en siglos. En cambio, una simple sustituci</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n material: acero en lugar de maderas o hierro fundido, signific</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US"> alcanzar productividades jam</span><span lang="EN-US">Ã¡</span><span lang="EN-US">s antes conocidas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="EN-US">Los desarrollos t</span><span lang="EN-US">Ã©</span><span lang="EN-US">cnicos (extensi</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n agr</span><span lang="EN-US">Ã­</span><span lang="EN-US">cola, investigaci</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n universitaria); la organizaci</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n social (familias granjeras, cooperativas, farm bureaus ); agencias reguladoras del Estado (catastro, juzgados, etc.); contribuyeron a que en el siglo XX en el Condado la productividad agr</span><span lang="EN-US">Ã­</span><span lang="EN-US">cola y pecuaria se incrementara por un factor de cinco, a la vez que las familias finqueras se redujeran a una quinta parte de los hogares rurales iniciales. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="EN-US">Las unidades productivas en McLean suelen ser de m</span><span lang="EN-US">Ã¡</span><span lang="EN-US">s de 250has. Es decir, una milla cuadrada. La milla (1.6 kms) es la medida que fundamenta la malla vial cuadriculada. La periferia de los cuadrados delimitan los linderos de las fincas o granjas y sirven, adem</span><span lang="EN-US">Ã¡</span><span lang="EN-US">s, para las carreteras rectilineas que atraviesan de Sur a Norte o de Este a Oeste de modo sim</span><span lang="EN-US">Ã©</span><span lang="EN-US">trico todo el territorio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span lang="EN-US">Una agrimensura de gran exactitud y derechos de propiedad crecientes contribuyeron a mitigar los conflictos esperados de cualquier ocupaci</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n territorial planeada, como la fue la de estos Estados de frontera. Conflictos los hubo. Cuando los sure</span><span lang="EN-US">Ã±</span><span lang="EN-US">os ingresan al Condado en el siglo XIX con pr</span><span lang="EN-US">Ã¡</span><span lang="EN-US">cticas pecuarias de pradera, sus animales invaden los cultivos de los yankees quienes ten</span><span lang="EN-US">Ã­</span><span lang="EN-US">an los suyos confinados. Al no ser posible cercar las grandes extensiones de cultivos, los juzgados y sus leyes consetudinarias juegan un papel fundamental en la determinaci</span><span lang="EN-US">Ã³</span><span lang="EN-US">n de los derechos de propiedad y respeto a los l</span><span lang="EN-US">Ã­</span><span lang="EN-US">mites de las granjas. </span></p>
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		<title>MÃ¡s Estado en el mercado y menos mercado en el Estado Parte III</title>
		<link>https://aneia.uniandes.edu.co/mas-estado-en-el-mercado-y-menos-mercado-en-el-estado-3/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Editor Pixelpro]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Oct 2012 10:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos Sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Estado Colombiano]]></category>
		<category><![CDATA[Territorio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir de la nociÃ³n de la crimininalizaciÃ³n de la polÃ­tica Gustavo GonzÃ¡lez analiza la el papel de la farcpolÃ­tica, parapolÃ­tica, para Estado y comenta los diÃ¡logos de paz.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span id="more-163"></span></p>
<p style="text-align: justify;">El Informe<a href="file:///C:/Users/Gustavo%20Gonzalez/Downloads/Mas%20Estado%20en%20el%20mercado%20y%20menos%20mercado%20en%20el%20Estado%20-3.docx#_ftn1" name="_ftnref1"><span lang="EN-US"><span lang="EN-US">[1]</span></span></a> que venimos comentando en estos escritos define la CriminalizaciÃ³n de la polÃ­tica como: â€œIntervenciÃ³n de un grupo al margen de la ley, que mediante el uso de la coerciÃ³n armada busca distorsionar los resultados de las elecciones pÃºblicas en benficio propio, con el fin de adquirir poder polÃ­tico para influir en el desempeÃ±o de las instituciones legales, de manera que garantice la impunidad de sus crimenes.â€ (p.258).</p>
<p style="text-align: justify;">En la dÃ©cada pasada la opiniÃ³n pÃºblica conociÃ³ en toda su funesta extensiÃ³n y profundidad la realidad de la â€˜parapolÃ­ticaâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. Sendas investigaciones y publicaciones, ya no sÃ³lo de la prensa, vienen documentando los alcances de esa realidad. Y no es del caso elaborar mÃ¡s sobre ello. El Informe reconoce, tambiÃ©n, que existe documentaciÃ³n para 1997 en que la guerrilla empleara acciones similares en el Bajo Cauca.</p>
<p style="text-align: justify;">La pregunta obvia es Â¿por quÃ© no ha existido igual acciÃ³n del Estado para revelar la â€˜farcpolÃ­ticaâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> que ha estado presente desde hace varias dÃ©cadas?</p>
<p style="text-align: justify;">Y claro, con ello se abre un abanico de preguntas que bien vale la pena considerar para comprender con mayor lucidez el contexto de las negociaciones que vienen en camino este mes. Y no sÃ³lo el contexto, sino lo que se halla en juego.</p>
<p style="text-align: justify;">De los acontecimientos recientes como la captura de uno de los capos mÃ¡s buscados de los Ãºltimos tiempos y la revelaciÃ³n de sus negocios con los grupos armados ilegales, incluyendo las FARC, se presenta un panorama muy complejo para las negociaciones de paz. La economÃ­a del narcotrÃ¡fico no suele erradicarse en mesas de negociaciÃ³n, asÃ­ se rebajen penas a quienes delaten sus redes.</p>
<p style="text-align: justify;">No se trata de negociar entre grupos ideolÃ³gicamente empecinados. En verdad, ni el gobierno o representantes del Estado, ni los grupos ilegales armados (guerrilla, narcotrÃ¡fico, etc.) tienen ideologÃ­as visibles o coherentes. Los primeros, claro que representan la â€˜institucionalidadâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> y, nadie pondrÃ­a en duda, que procuran defender esa â€˜institucionalidadâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> o al menos su interpretaciÃ³n de ella. Los segundos, no aceptan esa â€˜institucionalidadâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />, luchan por transformarla, cuando no destruirla, y para ello no sÃ³lo combaten sus fuerzas armadas, sino ingenian toda suerte de estrategias cuyo mejor nombre es el de una acciÃ³n â€˜paraestatalâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> o â€˜paraEstadoâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. Con otras palabras, acciones que buscan sustituir al Estado allÃ­ donde tiene poca presencia o donde no es posible sobornar a sus representantes.</p>
<p style="text-align: justify;">Si esta apreciaciÃ³n es adecuada, entonces es poco probable que sean las ideas del Estado, el sentido de lo pÃºblico, el tipo de orden social, lo que surjan en las negociaciones â€“claro que bueno serÃ­a que asÃ­ fuera y que, adem<span lang="ES-TRAD">Ã¡s,</span> visiones de la sociedad, de lo polÃ­tico, de lo econÃ³mico fuera lo que se acordara-. Se tratarÃ¡ de una negociaciÃ³n de Ã­ndole principalmente econÃ³mica, de participaciÃ³n polÃ­tica y de eximir culpas y penas.</p>
<p style="text-align: justify;">En las recomendaciones de los teÃ³ricos y prÃ¡cticos de la negociaciÃ³n, entre las partes en conflicto son indispensables: la confianza mutua, la comunicaciÃ³n transparente, la comunidad de intereses , y el que las partes cedan en proporcional medida. La real posibilidad que se den estos requisitos sÃ³lo lo conocen bien los mÃ¡s de diez millones de campesinos, finqueros, habitantes y empresarios del campo quienes han sufrido las acciones de las partes en conflicto durante mÃ¡s de medio siglo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero como suele suceder en estos casos son las Ã©lites urbanas (que incluyen a los voceros de los grupos alzados en armas) quienes decidirÃ¡n la suerte de aquella poblaciÃ³n rural y de paso, del paÃ­s en general.</p>
<p style="text-align: justify;">Tener en cuenta la opiniÃ³n de dicha poblaciÃ³n evitarÃ­a que la nociÃ³n de la criminalizaciÃ³n de la polÃ­tica, expuesta arriba, se amplÃ­e para incluir coerciÃ³n de la opiniÃ³n pÃºblica y si bien, ahora no por las armas, si por medio del mercado de los medios de comunicaciÃ³n tan propensos a ello y en particular en el Estado.<!-- [if !supportFootnotes]--></p>
<hr size="1" width="33%" />
<p style="text-align: justify;"><!--[endif]--></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p style="text-align: justify;"><a href="file:///C:/Users/Gustavo%20Gonzalez/Downloads/Mas%20Estado%20en%20el%20mercado%20y%20menos%20mercado%20en%20el%20Estado%20-3.docx#_ftnref1" name="_ftn1"><span lang="EN-US"><!-- [if !supportFootnotes]--><span lang="EN-US">[1]</span><!--[endif]--></span></a> â€œColombia rural: razones para la esperanza.â€ Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011. <span lang="EN-US">BogotÃ¡: PNUD. </span></p>
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